Francisco Ulloa su vida


FRANCISCO ULLOA ES UN HOMBRE que lleva los sentimientos a flor
de piel. Se emociona con humana intensidad cuando relata
algunos pasajes importantes de su vida. Confía en Dios y lo
invoca constantemente. Cree en la religión católica y en la
Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con una
fe que parece inconmovible, y dice que le debe a Jesús todo lo
mucho que ha logrado y sobre todo el haber hecho de él “un
músico del mundo pero alejado de la vida mundana”.
Ulloa nació en un campo del municipio de Altamira, llamado
Guaranal. Hijo de Ramona Ulloa y de Ramón Ventura,
que era agricultor, carpintero y también tocaba su acordeón.
A Francisco, la inspiración por la música le llegó temprano
y cree que en esto intervino la voluntad de Dios. Todos
los 16 de julio, don Ramón, el padre de Francisco, celebraba
el día de la Virgen del Carmen. En ocasión de una de esas
velaciones, cuenta Ulloa que se quedó dormido al rumor de
los cánticos que se entonaban a la Virgen, y al despertar y
oír que alguien tocaba un acordeón y ver que era su amigo
Armando Cabrera, fue directo hacia este, le pidió el instrumento
y le sacó música y empezó a cantar. Desde entonces
Francisco Ulloa
todo su empeño fue por hacerse de un acordeón propio. Perseverante,
tenaz, trabajador, lo consiguió reuniendo dinero
peso a peso y centavo a centavo, con el sudor de su frente,
en tareas agrícolas a veces demasiado duras y peligrosas para
un niño tan pequeño como era Francisco todavía. Además,
su papá no quería que el muchacho tocara por temor “a que
se le abriera el pecho”.
Como quien crió a Francisco fue su abuelo Juan Ventura,
éste, como abuelo al fin, estuvo de acuerdo con el nieto,
le ayudó a comprar su primer instrumento, un “acordeón
motón de una sola carrera”, cuenta Ulloa. Siguió tocando,
pero: –Aprendí a tocar la güira, para estar mas cerca del
acordeón–, dice.
En una oportunidad recibió de regalo un acordeón nuevo,
de manos del presidente Joaquín Balaguer. Se fue Francisco
a la Capital; y con un tamborero apodado Media Libra
y un güirero llamado José, formó el Trío Altamira, compuso
y llevó al disco sus propios merengues, entre ellos La Llamada,
El Tiempo Está Malo, y Si tu Padre te Abochorna.
Francisco Ulloa ingresó a la Policía Nacional, pasó siete
años en esa institución, principalmente en el Departamento
de Operaciones Especiales, como músico. Hasta que Tatico
Henríquez le aconsejó salir de la Policía y dedicarse más de
lleno al arte.
A los mediados de los años setenta cuando se radicó en
Santiago, entró en tratos con el empresario Antonio Ochoa,
a quien, como muchos músicos más, considera un auténtico
protector del merengue y los acordeonistas, y desde entonces
se ha mantenido esa buena relación.
Después de morir Tatico, Ulloa se acompañó de los músicos
que tocaban con el Astro y, con El Flaco, Julio Henríquez,
y Dany Cabrera, hizo su primera gira artística por Nueva
York.
Avanzada ya la década de los ochenta, a causa de graves
problemas de salud, Ulloa salió del escenario, pero se recuperó.
–Jesús me curó–, dice Francisco, con toda convicción,
y en el 1989, empezó a lograr lo que ningún otro músico
típico había logrado, pasear su arte por las grandes capitales
y las más famosas ciudades del mundo, entre ellas París,
Londres, Munich, Viena, Francfort, Suiza, Holanda, Bélgica,
Madrid, Lisboa, hasta Tokio en el Extremo Oriente.
Estas giras empezaron en 1990, siguieron año tras año y
en 1993 estuvo Ulloa en la BBC de Londres, donde grabó un
CD y “entró al disco duro de una computadora para proyectarse
con su música por todo el mundo”. En todas ellas dio
conciertos este destacado músico dominicano, que incluía
en su repertorio desde merengues típicos, pasando por
cumbias colombianas, hasta boleros.
Cuenta que después de actuar en México, cuando volaba
de regreso a su patria, tuvo un encuentro con el doctor José
Francisco Peña Gómez y desde entonces se selló en el corazón
de Ulloa, una admiración y una amistad que se ha conservado
invariable más allá de la desaparición física del líder
perredeísta. Desde que empieza a contar este pasaje, a
Francisco se le quiebra la voz y las lágrimas le corren a chorro
lleno. –Ese fue el hombe que me llegó profundo–, dice
Ulloa con emoción incontenible y los ojos anegados. Peña
lo alentó a seguir en su misión de Embajador del arte y la                                                                      cultura del país y relata el merenguero, que cuando pisó tierra
dominicana fue al Gordo de la Semana, y ante el director
de este espacio de televisión Freddy Beras Goico y el
país, cumplió el deseo de Peña Gómez, de transmitirle un
saludo cariñoso y el testimonio de aprecio que el líder perredeísta
le envió al pueblo dominicano.
Francisco Ulloa no dejó de actuar en su país, pero continuó                                                                      trabajando en escenarios extranjeros. Muchas veces,
según narra, por invitación de los gobiernos de la Unión
Europea; en otras, como Invitado Especial de altas autoridades
de diferentes países, en una labor que le hizo merecer
el calificativo que lleva con mucho orgullo: El Embajador.
Estaba en Escocia, en los finales de 1993, y se enteró de
que Juan Luis Guerra deseaba hablar con él. Habló desde
Francfort con Guerra, y esa conversación a larga distancia
fue el inicio para el contrato que culminó con la grabación
de La Cosquillita, El Farolito y los otros números en los cuales
el acordeonista actúa junto al grupo 4-40.
Después de una carrera tan intensa, Francisco Ulloa sigue
activo. Toca fiestas por contrato, promueve sus discos
en un programa radial que se difunde en Santiago con el
respaldo de don Antonio Ochoa y, aunque ya está pensando
El destacado acordeonista Francisco Ulloa,
en los comienzos de su carrera artística, hace alrededor de treinta años.
en el retiro, tiene algunas misiones que cumplir, la más sagrada
de todas es terminar un templo católico en Guaranal,
para alabar a Dios.
Mientras tanto, quiere dejar constancia de su imperecedera
gratitud a Tatico Henríquez. –Ese es mi ídolo entre los
músicos–, dice Ulloa. Tatico era el único acordeonista que
compartía lo suyo con los demás músicos y que no tenía
problemas en encontrar a un colega en mala situación y llevárselo
para su casa. Eso lo hizo Tatico con muchos, incluyendo
a Matoncito–, agrega, con mucho sentimiento.
Como muchos de sus colegas, Ulloa habla de Matón con
una respetuosa y emocionada admiración. –Matoncito fue
una escuela…, fue el mejor de todos en su época–, asegura,
y en ese sentido hay una sorprendente coincidencia entre su
concepto sobre Matón y el que sostiene Bartolo Alvarado en
cuanto al mismo personaje: –Porque lo que nosotros, los
músicos de hoy, hacemos en dos carreras, Matón lo hacía en
una sola–, dice también Francisco Ulloa .
Francisco recuerda lo amarga que fue la vida de Matón
en los últimos tiempos y se pronuncia en favor de que se
forme una unión o un sindicato, que le garantice a los artistas
típicos un retiro y una vejez tranquilos. –Yo no quisiera
que con los que quedamos, pueda pasar lo que pasó con
Matoncito–, advierte este hombre expresivo y sentimental,
al fin de la entrevista.
Antes de que te vayas...            RAFAEL CHALJUB MEJÍA

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