¿Por qué la hepatitis es igual o más grave que el sida?

Por qué la hepatitis es igual o más grave que el Sida (horizontal-x3)Por Agencia EFE Unas 257 millones de personas están infectadas con el virus de la hepatitis B y otros 71 millones con el de la hepatitis C, pero solo una parte son conscientes de ello, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La agencia sanitaria de la ONU publicó este viernes su Informe Mundial sobre la Hepatitis
en el que estima que 328 millones de personas conviven con uno de los dos tipos de hepatitis más peligrosos que existen y que los ponen en riesgo de desarrollar enfermedades crónicas del hígado o cáncer que derivarían en muerte.
Según los datos de la OMS, en el 2015 la hepatitis viral causó 1.34 millones de decesos, casi el mismo número de muertes que el VIH-Sida o la tuberculosis, pero mientras el número de fallecimientos por estas dos enfermedades ha caído en los últimos años, el de la hepatitis sigue creciendo.
En una teleconferencia, el director del programa de Hepatitis de la OMS, Gottfried Hirnschall, explicó que de los 1.34 millones de muertes, 720,000 fueron causadas por cirrosis y 470,000, por cáncer de hígado.
Este elevado número de muertes se debe a que la gran mayoría desconoce que está infectada y por lo tanto no accede al tratamiento para curarse. Según las estimaciones de la OMS, solo el 9% de los infectados con el virus de la hepatitis B (22 millones) es consciente de ello, y solo el 20% de los contagiados con el virus de la hepatitis C (14 millones) sabe que lo está.
En el 2015, estima la Organización Mundial de la Salud, solo el 8% de los diagnosticados con el virus de la hepatitis B (1.7 millones personas) estaba recibiendo tratamiento, mientras que únicamente el 7.4% (1.1 millones de personas) había empezado ese año el tratamiento contra la hepatitis C. No obstante, si bien el número acumulado de personas que hasta 2015 recibían tratamiento contra la hepatitis C fue de 5.5 millones, solo medio millón había recibido el nuevo fármaco antiviral de última generación (DAAs) que cura la enfermedad en tres meses.
"Cuando el fármaco surgió (en 2014) costaba $80,000  por tratamiento, pero ahora que en muchos lugares ya se puede obtener por $200, los gobiernos deberían hacer más esfuerzos para dispensarlo", sostuvo Hirnschall.
La hepatitis es la inflamación del hígado, causada en la mayoría de los casos por una infección vírica debido a cinco virus principales: A, B, C, D, E. Los más peligrosos son los tipos B y C, que son los responsables del 9% de todas las muertes causadas por la hepatitis. La C cuenta con tratamiento y la B con una vacuna. Las hepatitis A y E -que también tienen una vacuna- se contraen tras haber ingerido agua o comida contaminada, mientras que los virus B, C o D se contraen por contacto con fluidos corporales tras compartir una jeringuilla, debido a una transfusión de sangre o por transmisión sexual, entre otros.
El hecho de que exista una vacuna eficaz contra el virus B ha provocado que el número de infecciones por este tipo haya caído en los últimos años. Globalmente, el 84 por ciento de los niños nacidos en el 2015 recibieron las tres dosis recomendadas de la hepatitis B, lo que ha reducido la prevalencia de la enfermedad entre los menores de 5 años a un 1.3%.
Sin embargo, a pesar de las estrategias implementadas para detener la infección con el virus C, todavía un 5% de las intervenciones de salud en el mundo se realizan con agujas reutilizadas.
Sumando este hecho al problema de los drogodependientes, el número de nuevas infecciones con el virus de la hepatitis C en el 2015 ascendió a 1.75 millones. Por regiones, el área del Pacífico occidental (6.2% de la población) y África (6.1%) tienen el mayor número de infectados con el virus B, mientras que la prevalencia del virus C es mayor en el Mediterráneo oriental (2.3%) y en Europa (1.5%). En las Américas, el 0.7 % de la población (7 millones) padece hepatitis B y el 1 por ciento, la C.
En mayo de 2016, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la Estrategia Global para la Hepatitis (GHSS) que busca eliminar la enfermedad como una amenaza de salud pública antes del 2030 y para ello deben caer un 90 por ciento las nuevas infecciones. La mortalidad debe reducirse en 65 puntos.
"Nos impusimos un objetivo ambicioso. Estamos aún lejos de conseguirlo, por lo que debemos redoblar nuestros esfuerzos", concluyó Hirnschall.

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