El poder sanador del optimismo, una actitud positiva frente a la vida puede mejorar la salud física y mental

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Por El Tiempo / GDA Durante todo el 2016, Eric Kim y Kaitlin Hagan, investigadores de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard, analizaron miles de cifras numéricas, establecieron gráficos y escudriñaron cuestionarios para radiografiar a 70,000 enfermeras entre 30 y 55 años.
Sus datos habían sido recogidos en una encuesta de salud pública que siguió sus pasos por espacio de cuatro decenios: mujeres profesionales que fueron encuestadas cada dos años sobre sus hábitos y estado de salud en el marco del Nurses' Health Study.
Al finalizar el 2016, Kim, doctor en Psicología y reconocido por Forbes como uno de los 30 innovadores jóvenes top en salud el año pasado y por la revista Pacific Standard como uno de los 30 Pensadores Jóvenes del 2015; y Hagan, doctora en Ciencias de la Epidemiología de Harvard y máster en Salud Pública de la Universidad de Columbia, se enfocaron en evaluar el optimismo de las mujeres participantes en el estudio.
“Usamos una herramienta científica", relata Hagan desde Harvard, "que ha sido ampliamente validada y que, básicamente, convierte una serie de preguntas simples en una escala. Los resultados nos parecieron sorprendentes”. 

Una mirada a las respuestas de las encuestadas durante un lapso de ocho años -desde el 2004, cuando se incluyó una pregunta sobre optimismo- mostró cifras irrefutables: las mujeres que acusaron mayor rango de optimismo en su personalidad tuvieron, según esta escala predictora, un 30% menos de posibilidades de muerte durante el periodo en estudio.En detalle, las más optimistas demostraron tener un 16% menos posibilidades de morirse de cáncer; un 38% menos de morirse por infarto y un 39% menos por accidente cerebrovascular. 

Cuando los investigadores evaluaron las posibles causas para esta asociación, pensaron en aspectos relacionados con una vida sana, como la práctica de ejercicio y una mejor dieta. 

“Creímos que estas razones, continúa Hagan, iban a explicar claramente la asociación entre optimismo y menor predicción de muerte. Pero, no fue así. Una posible causa que nos intriga es que el optimismo pueda tener un directo impacto en nuestros sistemas biológicos: menor inflamación, niveles de lípidos más sanos y más antioxidantes”.

La importancia de esta investigación fue establecida por el American Journal of Epidemiology, que la publicó en enero de este año. Su principal impulsor, el doctor en Psicología de ascendencia coreana Eric Kim, pone el acento en que, aunque estudios anteriores ya habían determinado que los optimistas se mueren menos por problemas del corazón -aquí entra en juego el estrés, ligado a cifras de infartos y cuyos estragos sienten menos quienes tienen una mirada más positiva de la vida-, su investigación es la primera en probar una conexión estadística entre optimismo y menor riesgo de muerte por causas distintas a enfermedades cardiovasculares.Entre ellas: cáncer, episodios cerebrovasculares, males respiratorios e infecciones.
Emoción entrenable
Pero, todas estas investigaciones no tendrían mayor sentido si no fuera por su potencial impacto en las políticas públicas destinadas a mejorar las cifras de salud.

Un paquete de estudios experimentales en el curso de los últimos 15 años demostró que el optimismo es una cualidad fisiológica atractiva para la ciencia. Y que se puede hacer crecer. “Un trabajo científico con mellizos arrojó que solo un 25% del optimismo humano es heredado, el resto lo determina el esfuerzo personal y el medioambiente”, aclara la epidemióloga Kaitlin Hagan.

Hombres y mujeres pueden hacer crecer este rasgo de personalidad con ejercicios simples, como agradecer por escrito los beneficios del día y pensar que todo problema tiene una solución. También es útil, remarca Hagan, una terapia conductual. 

Su coinvestigador Eric Kim destaca el poder de la resiliencia: “La mayoría de los esfuerzos médicos y de salud pública están orientados a la prevención de enfermedades. Estudios como el nuestro evidencian que potenciar la resiliencia psicológica es vital porque puede marcar una diferencia”.
A los optimistas les iba mucho mejor, no solo sufrían menos estrés, sino que sus resultados médicos eran cualitativamente superiores.
El director ejecutivo del Instituto de Psicología Positiva de Chile, Claudio Ibáñez, quien en el 2011 publicó su libro Nuestro lado luminoso, está de acuerdo: “El optimismo es una emoción positiva entrenable. Es posible educar y enseñar a las personas a tener una visión más positiva del futuro y a darse explicaciones más transitorias, específicas e impersonales frente a eventos adversos. La psicoterapia positiva ayuda a desarrollar estas destrezas, que son claves frente a la depresión y trastornos de ansiedad”.
Referencia mundial
Pero, los investigadores actuales no habrían llegado lejos sin la tarea científica del actual director de psicología de la Universidad Carnegie Mellon y codirector del Centro Mente y Cuerpo de Pittsburgh, Michael Scheier, quien hoy es referencia mundial en el estudio del optimismo ligado a los indicadores de salud y ha dedicado años al tema. 

“Hicimos estudios previos"explica Scheier desde Pittsburgh, "con enfermos de cáncer y enfermedades cardiovasculares y pensábamos que las personas más optimistas tendrían conductas que los beneficiarían de cara a su enfermedad. Las investigaciones confirmaron nuestra idea. A los optimistas les iba mucho mejor, no solo sufrían menos estrés, sino que sus resultados médicos eran cualitativamente superiores”.

¿En dónde está la clave? Scheier se la atribuye a que los optimistas cultivan mejor sus estrategias adaptativas. Trabajan por resolver sus problemas porque creen que una solución existe. Se esfuerzan y nunca están en negación: aceptan la realidad mejor.
¿Poder para la mente?
En 2006, el psiquiatra Simon Kung, de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, se dio a la tarea de estudiar la relación entre optimismo y calidad de vida en 190 enfermos de cáncer de cuello y cabeza, y cáncer de tiroides. El profesor Kung asegura que “identificamos una mejor calidad de vida en los pacientes optimistas. Pero, al estudiar los resultados en forma separada, esta tendencia solo se marcó en los pacientes con cáncer tiroideo. Una posible explicación es que esta enfermedad tiene mucho mejor pronóstico”. Kung y sus colegas llegaron a la conclusión de que el optimismo ayuda a la salud mental, pero no necesariamente a la salud física. Pero agrega un dato revelador: “El grupo de investigación de la Clínica Mayo ha publicado varios estudios sobre optimismo y cáncer. Uno de ellos, del 2010, demostró una sobrevida de seis meses en pacientes optimistas con cáncer de pulmón por sobre los pesimistas”. 

Según Claudio Ibáñez, director ejecutivo del Instituto de Psicología Positiva de Chile,
“el estilo optimista globaliza lo positivo. Esto permite no solo mantener viva la esperanza, sentir que es posible el cambio, ponerse de pie, desplegar esfuerzos y resistir la adversidad, sino también nutrirse de eventos positivos”.

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