Migraña: un dolor que incapacita

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Por Ileana Delgado/ Por Dentro La primera señal de advertencia puede ser una ligera sensación de mareo, visión borrosa o pequeños destellos de luz. Luego, un fuerte latido macha un lado de la sien y en cuestión de minutos se siente que la cabeza va a “explotar”.
Es lo que, a grandes rasgos, les pasa a algunas personas cuando sufren de migraña, una de las quejas más frecuentes por la que muchos acuden a un especialista en neurología.
Un problema de salud que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a una de cada cinco mujeres y a uno de cada doce hombres en el mundo.
Precisamente, en su atlas global sobre dolores de cabeza, la OMS identifica que casi la mitad de todos los adultos en el mundo padecen de trastornos relacionados con dolores de cabeza, como migrañas y cefaleas tensionales. Una situación que, según advierte, tiene  consecuencias económicas y sociales.  Especialmente, debido a que durante los ataques, el 90 % de las personas pospone las tareas del hogar, casi tres cuartos tienen capacidad limitada para trabajar y la mitad de ellos pierde el trabajo por completo.
Una de las recomendaciones más comunes para prevenir la migraña y, posiblemente la más fácil de controlar, es evitar los desencadenantes -como el estrés, alcohol, comidas picantes, ricas en nitritos o con glutamato monosódico (MSG), entre muchos otros.
Pero, también hay ataques de migraña que son causados por eventos relacionados con el clima. Es cuando los cambios repentinos en la temperatura, la humedad y la presión atmosférica se convierten en desencadenantes, confirma el doctor Christian Schenk, neurólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas. “La evidencia es bastante fuerte. Según algunos estudios, el 52 % de las personas identifica el clima como uno de los detonantes”, agrega el neurólogo.
Criterios específicos
La International Headache Society (IHS) tiene unas categorías de diagnóstico para clasificar todos los dolores de cabeza con unos criterios específicos. De hecho, ha identificado 150 tipos diferentes de dolores de cabeza, por lo general, causados por tensión nerviosa, preocupaciones, falta de sueño o por resaca.
Sin embargo, también tiene criterios específicos en los que clasifica las migrañas como una de dos tipos: la que ocurre con aura (el paciente tiene algún tipo de síntoma visual antes de que aparezca el dolor) y la migraña más común, sin este tipo de síntoma.
En este sentido, señala el doctor Schenk, es importante determinar el tipo de dolor de cabeza para que el tratamiento sea efectivo. Por ejemplo, explica que hay unos medicamentos que “abortan” el dolor, pero que no están indicados para el dolor de cabeza causado por tensión.   
“Los factores varían para cada persona. Por eso es importante que cada paciente de migraña identifique cuáles son los que le afectan y evitarlos”, recomienda el neurólogo, quien destaca que hay medicamentos aprobados por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) que son muy efectivos en el tratamiento de migraña.
De hecho, dice que si una persona tiene más de tres a cuatro ataques de migraña al mes, debería usar medicamentos que se utilizan de forma preventiva. “Se usa como profilaxis, todos los días, para disminuir la frecuencia de ese ataque, lo que ayuda a la persona a ser más funcional”, agrega Schenk. 
En términos de tratamiento, el neurólogo resalta la importancia de “atacar ese evento de migraña o episodio lo más temprano posible”. Además, señala que la parte psicológica también es muy importante en el tratamiento.
“Si son migrañas episódicas, de dos a tres veces al mes, se trata con antiinflamatorios no esteroidales; para personas jóvenes que no tienen problemas cardiovasculares tenemos los triptanos que son abortivos de dolor de cabeza”, explica.
De la misma forma, el doctor Schenk destaca la efectividad del uso de bótox que, según dice, se inyecta cada tres meses en ciertos puntos alrededor de la cabeza, del cuello y la cara. No obstante, afirma que se usa como una segunda línea de tratamiento cuando otros medicamentos no funcionan.

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