¿Por qué? La temperatura fría y húmeda de la heladera convierte el almidón de la cebolla en azúcares (lo mismo sucede con las papas), y las cebollas tienden a volverse suaves o esponjosas mucho más rápido. Además, probablemente ya sepas que apestan tu refrigerador y hacen que todo huela o sepa a cebolla.
En lugar de hacer eso, almacena las cebollas –blancas o rojas/moradas– en la bolsa de red en la que las compraste, o en un tazón, en un lugar seco, fresco y ventilado dentro de tu alacena.
No guardes las cebollas en una bolsa, necesitan aire para respirar; y asegúrate de separarlas de las papas, ya que estas pueden excretar humedad que acelere la descomposición de las cebollas.
Esta regla de no-refrigeración no aplica para los cebollines o cebollas verdes, ya que estas tienen mayor contenido de agua y necesitan enfriarse.
Fuente: http://voces.huffingtonpost.com