POR JOSÉ A. DELGADO /elnuevodia.com
WASHINGTON – En una ciudad en que la tensión ha crecido tras la
masacre de Navy Yard, una mujer de 34 años fue abatida a tiros ayer por
policías cerca del Capitolio, después de ser perseguida desde los
alrededores de la Casa Blanca hasta orillas del Senado.
La Policía
eludió dar precisiones, pero todo indica que Miriam Carey, que andaba
con su hija de un año y desobedeció las órdenes de detención de las
autoridades, estaba desarmada.
Su madre, Idella Carey, dijo a la
cadena ABC que Miriam, higienista dental en Stamford (Connecticut),
padecía de “depresión posparto”.
El incidente habría comenzado
cerca de las 2:14 p.m. de ayer, cuando la mujer, manejando un Infiniti
negro, intentó rebasar una barrera exterior cercana a la Casa Blanca, en
la avenida Pensilvania con la calle 15 de la capital estadounidense.
Pese a que varios agentes le ordenaron detenerse a punta de pistola,
según imágenes de televisión, la mujer se dio a la fuga desatándose una
persecución de unos tres minutos hasta la zona del Capitolio. En la
persecución dos agentes resultaron heridos, uno de ellos al chocar su
vehículo.
Identifican a mujer que fue abatida frente al Capitolio de EE.UU.
Hubo dos momentos en que se escucharon disparos. La
segunda ráfaga, en la que habrían herido de muerte a la mujer, ocurrió
cerca de edificios del Senado y la estación de tren Union Station. La
Policía no dio detalles, pero inicialmente entre cinco a seis agentes, a
punta de pistola, rodearon el automóvil y pudieron haber visto a la
menor. “No se trató de un accidente”, dijo la jefa de la Policía, Cathy
Lanier.
La situación provocó una nueva alarma de seguridad en el
Capitolio, que hace poco más de dos semanas tuvo otra situación de
alerta como consecuencia de la masacre de Navy Yard en que murieron 13
personas. Además, desvió por unas horas la atención en torno al cierre
parcial del gobierno federal y los debates en torno a ese álgido asunto
en el Congreso.
Como turista, Ileana Báez Bravo, quien es oficial
de prensa en La Fortaleza y realiza su primera visita a la capital
federal, caminaba por los alrededores del Capitolio junto con su
compañero cuando comenzó el tiroteo.
“No reaccioné, mi compañero me dijo ‘son tiros’. Vimos policías
con armas largas, nos dijeron que corriéramos al Capitolio. A unas 15
personas nos colocaron en un ‘check point’ (punto de cotejo). Nos
inspeccionaron y nos pasaron al centro de visitantes”, dijo.
Inicialmente, la adrenalina le guió sus pasos. Pero, al rato, dijo Báez Bravo, “empecé a llorar”.
Al
comisionado residente en Washington, Pedro Pierluisi, en el otro lado
del Capitolio, en la zona de la Cámara baja, la emergencia le sorprendió
cuando regresaba a su oficina después de almorzar.
Ante el
cierre de instalaciones, Pierluisi tuvo que permanecer fuera del
edificio Longworth en que esta su oficina hasta que la situación se
normalizó.
Tres activistas del grupo pro estadidad Igualdad –el
expresidente de la UPR José Manuel Saldaña, Francisco Domenech y Anabel
Guillén– estaban en la oficina del congresista republicano Tom
McClintock (Caliornia), cuando se ordenó clausurar el acceso al
Capitolio. “No nos permitieron movernos -dijo Domenech-, una experiencia
muy única”.
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