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Sabiduría maternal, cuánta influencia ejerce la figura de mamá

Elnuevodia.com
Por Camile Roldán Soto“Haber salido de su cuerpo todos esos cuerpos”, (Marie Darrieussecq; Le Bébé)

“ La primera vez que vi llorar a mi mamá fue por haber quemado sin querer un trajecito mío con la plancha. Ese día entendí lo que es la ternura”, cuenta Lucía.
“De adolescente pensé que no teníamos nada en común, detesté su religiosidad y su disciplina, su modo sencillo de vestir y el hecho de que siempre usa las mismas pantallas. Pero con el tiempo entendí que tengo los mismos bracitos peludos, que si me aliso el pelo me veo igual que ella cuando tenía mi edad, que yo también solo sé pintarme los labios y las uñas de rojo; que cuando tengo miedo, rezar un padre nuestro ayuda aunque no lo entienda o no esté de acuerdo. Aprendí a entender que quererme como soy es quererla como es. Mami, sin pelearme por no ir a la iglesia, sin escandalizarse por mis aventuras, sin pedirme que me peine, queriéndome como soy me enseñó que lo lindo que nos enseñan los demás solo nos crece adentro cuando dejamos de pelear con ese punto de origen y lo queremos porque es nuestro. Mami me devolvió a casa y me enseñó a vivir sin andar perdida”, reflexiona la treintañera sobre su figura maternal.
Como Lucía, todos atesoramos instantes, anécdotas o conversaciones que han moldeado la relación con nuestras madres. Esas características que la definen, nos gusten o disgusten, se convierten en referencia. Nos marcan para decidir lo que queremos ser o no ser. Porque ni las madres son perfectas, ni los hijos son copia exacta de ellas.
El caso es que si tenemos suerte, repasar la huella materna nos provocará, entre muchas emociones, reflexión, placer, ternura. Entenderemos cuánto hay de ella en nosotros. Y, por todo lo bueno, daremos gracias. Porque aunque se preste para tantos clichés, no hay duda de que pocas personas influencian tan poderosamente nuestra vida como mamá.
Es una realidad que parte desde la característica más simple de la relación: la proximidad física entre madre e hijo desde la concepción. Y a ésta se suman, más adelante, todas las referencias producto de la crianza.
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Relevante referencia
“Hay muchas teorías que datan de décadas y establecen claramente la importancia del vínculo entre madres e hijos”, comenta el sicólogo clínico Enrique Gelpí Merheb. “Mientras más positivo y poderoso sea ese lazo, más independiente y más seguro será el hijo”, señala.
Sin embargo, se necesita algo más que mucho amor para potenciar el beneficio de la influencia materna.
La experta en inteligencia emocional, Emilia Concepción, entiende que al saberse embarazada la mujer tiene que comenzar a definir qué tipo de madre quiere ser. Y esa visión, que variará dependiendo de aspectos muy individuales, debe convertirse en la práctica.
“La maternidad no es una cosa casual. Hay que pensar qué cosas vamos a hacer conscientemente para llegar al fin que aspiramos”, establece la también ‘coach’ certificada.
Esa conciencia la tuvo clara la madre de Joaquín.
“Lo más importante que me enseñó mami es la honestidad”, apunta. “Me enseñó a amar, a buscar el bien de los demás, a ser limpio de corazón y de intenciones con todo el mundo, a ser tierno, a trabajar, pero lo más importante, la lección más arraigada que tengo, es la honestidad. Mami es brutalmente honesta, no podía ni puede mentir aunque le cueste. Me metió tan adentro el vicio de la honestidad que, a estas alturas, no puedo ser deshonesto: me siento raro, que me pueden descubrir, que algo me va a salir mal, que “Dios me va a castigar” si soy deshonesto”, cuenta el hombre, padre de tres niños.
Ahora que reflexiona al respecto, piensa que esa confianza en que su madre siempre decía la verdad se convirtió en un antídoto frente a la incertidumbre. “Me dio una certeza y una seguridad brutal en la arena movediza de la niñez, la adolescencia y hasta la adultez”, precisa.
Las madres empiezan a construir esa relación de confianza con sus hijos desde que los traen al mundo. Y una manera muy efectiva de promoverla es enseñarles un manejo saludable de las emociones. Es sencillo, niños expuestos a entender como las emociones influyen en su manera de pensar, analizar y ver el mundo son más propensos a mantener una comunicación abierta.
“La emoción es información. Si su hijo está triste, la madre tiene que promover un foro para que exprese esa tristeza y diga, por ejemplo: “Me siento triste porque no saqué la nota que quería”. Las preguntas permiten que los niños puedan definir lo que sienten”, explica Concepción.
A menudo, sin embargo, se convierte en una práctica el uso de frases como “eso no importa”, “eso no es nada”, “no hagas caso”, que aunque obviamente pueden ser utilizadas en ciertos momentos, pueden cortar la comunicación en otras. Concepción recomienda, en cambio, valerse de la empatía para explorar las emociones de los hijos y provocarles, a su vez, introspección.
Frases como “qué pena que eso te esté pasando”, “cómo te puedo ayudar”, “me pasó algo similar cuando tenía tu edad”, validan las emociones que los chicos sienten.
“Recuerdo cuando sentí que me rompieron por primera vez el corazón”, dice Soledad. “Tenía como 12 años y estaba completamente devastada. Mi madre reaccionó a esa devastación no diciéndome que aquello era una bobería. Me dijo que entendía, me dejó llorar en su falda, buscó formas de animarme y siempre estuvo ahí para mí. Después me di cuenta de cómo ese trato me dio una seguridad enorme en una etapa tan vulnerable. Me ayudó mucho a sanar, me llevó a hacerle caso cuando me dijo que tenía que parar de llorar ya y aumentó la confianza que tenía en ella”, cuenta Isabel.

para toda la vida
En diferentes etapas la madre puede sentir que ya no es una referencia importante para su hijo, que su opinión no cuenta. Ocurre frecuentemente, aunque no solo en la adolescencia.
“Me desespera ese ‘mood’ de ellos de que nada pasa, me dicen que estoy exagerando, que vivo con miedo… pero siempre me están diciendo a dónde van y ese es un logro. Si me mienten, no sé. La verdad es que a los 16 y 18 ya una perdió el control de los bebés, están expuestos a muchas cosas, y a veces me sorprende cómo resuelven para bien. Pero no bajo la guardia nunca. Hay que saber cómo les sacamos información, diciéndoles: ‘Mira lo que le pasó a…” o “mira lo que me dijeron que está pasando’”, opina Mercedes, madre de tres.
Consciente de que la edad de sus hijos, todos mayores de 12 años, convierte la comunicación en una tarea a veces difícil ella apela a sus gustos. Los lleva a almorzar “porque les encanta comer”, a comer helado “como si fueran nenes chiquitos” y ahí los agarra, con alguna anécdota jocosa.
Como Mercedes, las madres que mantienen los canales de comunicación con sus hijos saben que hay dos claves para que esto ocurra: evolución y consistencia.
“La comunicación se tiene que transformar”, explica Concepción. “Uno toma las cosas en el contexto de lo que va apren diendo del niño. Una vez hay una base la comunicación se va adaptando”, comenta.
A medida que crecen los chicos, las madres no deben perder la curiosidad por sus vidas y expresarla con preguntas tan simples como ¿cómo te va? A veces no habrá respuesta o la misma será escueta pero no por eso hay que dejar de preguntar.
Con toda probabilidad, una vez sean padres, repetirán muchas de las buenas estrategias, gustos y formas aprendidos.
“Trataría de darles un poco de rutina y llevármelos a donde quiera que yo vaya. Quizás hasta usaría esa frase que ella todavía me dice: ‘Solo hay una forma de hacer las cosas, bien y sin quejarse. Jugaría más y les enseñaría que un poco de desorden no es el fin del mundo’”, dice Lucía, al pensar en lo que haría con sus hijos si fuera madre.
Soledad ya lo es. Y, según cuenta, a cada rato descubre a su mamá en ella. Además de sentir que redescubre a su madre gracias a la maternidad; en su papel de abuela.
“Ahora que soy mamá, veo clarito cuánto me parezco a la mía. Las cosas que no me gustaban de ella pero otras, muchísimas, que copio con mi hija. Mi mamá era y sigue siendo super ingeniosa, divertida, un chiste. Sin darme cuenta, me veo repitiendo cosas que ella hacía y cómo mi hija lo disfruta. No sé si lo sabe, pero ahora que lo pienso creo que debo decírselo, que estoy profundamente agradecida de ser su hija”, dice Soledad.Para comunicar efectivamenteEstá disponible para tus hijos• Nota los momentos en los que tu hijo está más dispuesto a hablar- por ejemplo, a la hora de dormir, antes de la cena o en el carro- y está disponible para ellos. • Comienza la conversación. La iniciativa les deja saber que te preocupa lo que está pasando en sus vidas. • Encuentra tiempo durante la semana para tener al menos una actividad uno a uno con tu hijo y evita las distracciones mientras la llevas a cabo. • Aprende sobre los intereses de tus hijos. Por ejemplo, su música o pasatiempos favoritos, y muestra interés hacia los mismos. • Inicia la conversación compartiendo sobre algún tema que tengas en la mente en lugar de con una pregunta. Déjales saber que los escuchas • Cuando tu hijo está hablando sobre sus preocupaciones, deja lo que sea que estás haciendo y escucha. • Expresa interés en lo que te dice en lugar de ser INTRUSIVE • Escucha su punto de vista, aunque se te haga difícil. • Deja que termine de hablar antes de responder. • Repite lo que te dijeron en voz alta para asegurarte que entendiste.Responde para que tus hijos te escuchen• Suaviza las reacciones fuertes. Los niños se alejan cuando estás enojado o a la defensiva. • Expresa tu opinión sin descartar la de ellos. Reconoce que está bien disentir. • Evita discutir respecto a quién está en lo correcto. En su lugar, diles: “Sé que estás en desacuerdo conmigo, pero esto es lo que pienso”. • Enfócate en los sentimientos de ellos en lugar de los tuyos durante la conversación. Y recuerda:• Pregúntale a tu hijo que qué quieren o necesitan de la conversación (consejo, simplemente que lo escuches, ayuda para lidiar con sentimientos o resolver un problema). • Los niños aprenden por imitación. A menudo, seguirán tu ejemplo de cómo lidiar con el coraje, solucionar conflictos y trabajar con emociones difíciles. • Habla con tus hijos en lugar de sermonearles, criticarlos, amenazarlos o hacerles comentarios hirientes. • Los niños también aprenden de sus acciones. Cuando las consecuencias no sean peligrosas, evita la tentación de intervenir. • Los niños pueden intentar probarte al decirte sólo una parte de lo que les molesta o inquieta. Escucha cuidadosamente lo que tienen que decir, anímalos a hablar y así ellos podrían decidir contarte el resto de la historia. Fuente: Asociación Americana de PsicologíaLa emoción es información La inteligencia emocional es una valiosa herramienta para promover la buena comunicación con tus hijos. Aquí algunas herramientas para fomentarla:Ayúdalos a incorporar palabras en su vocabulario que reflejen emociones: “Me siento feliz o me siento triste porque….” o “Me siento frustrada contigo, porque sé que puedes hacer mejor trabajo”Aprende a utilizar frases que los ayuden a entender el por qué se sus emociones: “percibo que estás frustrado porque…." "¿Quieres hablar?”Crea un ambiente emocionalmente seguro, estable y de apoyo: valida sus emociones. "Puedo entender que estés molesto….", “Si yo estuviese en tu lugar me sentiría igual". "¿Qué sugieres hacer para resolver la situación?”Evita gritarles, o utilizar palabras que les hagan sentir que tu amor hacia ellos está en jaque. Padres que utilizan el castigo, el poder o el temor hacia sus hijos, les enseñan a crear resentimiento, coraje, inseguridad y a medida que crezcan, cierran los canales de comunicación con sus padres. Fuente: Emilia Concepción, MS, CECCoach certificadaCertified Emotional Intelligence PractitionerLeadership Coaching Psychology

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