Lo que dijo el vicepresidente es cierto. Casi el 40% de las monedas de un 1 dólar vuelve al Tesoro. El resto duerme en las máquinas expendedoras de bebidas o alimentos y en coleccionistas.
El Gobierno apuesta por las monedas más chicas (las llamadas "Quarter" (US$ 0,25) o "Dime" (US$ 0,10), más populares entre los consumidores.
Al parecer, en el Tesoro hay suficiente cantidad de monedas para la próxima década y el inventario podría llegar a 2.000 millones de monedas para 2016.
La decisión del Tesoro de frenar la producción va en sintonía con el ajuste fiscal en los EEUU. Se estima un ahorro de US$50 millones por año.
El debate renace ahora entre aquellos que quieren que se frene la impresión de billetes de un dólar (más costosa) y aquellos que dicen que las monedas de un dólar son impopulares. El norteamericano medio está más apegado y valoriza más al billete. La moneda, en cambio, termina en una lata o perdida en alguna parte del hogar.
Con las monedas de 25 y 10 centavos sucede todo lo contrario. A pesar de ser baja denominación y que la inflación las ha quitado poder adquisitivo, la gente las usa por el cariño que siente por ellas.
La tendencia mundial es hacer desaparecer los billetes de baja denominación y cambiarlos por monedas . Así sucedió en Canadá o Gran Bretaña.
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