Usan bicarbonato de sodio para combatir superbacterias

PhotoPor Bloomberg Cada año, decenas de miles de estadounidenses mueren a causa de infecciones que los antibióticos no pueden tratar eficazmente. En las próximas décadas, esa cifra podría crecer significativamente.

Mientras tanto, los médicos siguen eligiendo qué fármacos emplear sobre la base de una prueba que no ha cambiado, en realidad, desde la época en que John F. Kennedy era presidente. Además, esa prueba de medio siglo tiene una deficiencia grave que ha sido pasada por alto por los médicos: las bacterias no actúan igual en los seres humanos que en el laboratorio, lo que significa que las pruebas de laboratorio pueden proporcionar resultados engañosos.
Antes, esto no era un gran problema porque los médicos tenían a su disposición una poderosa serie de antibióticos. Pero esas drogas --consideradas milagrosas a partir del momento en que Alexander Fleming descubrió la penicilina en 1928-- han comenzado a perder su magia. Las bacterias son cada vez más resistentes, en parte debido al uso excesivo, dejando a los médicos pocas armas para aplacar estas infecciones, también conocidas como superbacterias. Estos padecimientos enferman a un mínimo de 2 millones de estadounidenses al año y matan a 23,000, según una estimación aproximada de los Centros para el Control de Enfermedades en 2013. Un informe del gobierno británico (PDF) de 2014 proyectó que, a mediados del siglo, las superbacterias matarán a más personas que el cáncer.
Ante esta crisis creciente, los científicos están buscando mejores pruebas para identificar qué fármacos funcionarán.
"Básicamente, la tecnología tiene entre 50 y 60 años", dijo Henry Chambers, especialista en enfermedades infecciosas y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco. "Tal vez lo que nos parecía el mejor método de prueba no lo sea después de todo."
“Tenemos algunas cepas patógenas que son efectivamente resistentes a todos los antibióticos”.
La prueba tradicional que utilizan los laboratorios de hospitales se basa en una sustancia llamada agar Müller-Hinton, que permite desarrollar muchos tipos de bacterias. Una muestra del paciente infectado se enfrenta entonces a diferentes antibióticos para que los médicos puedan determinar cuál funciona mejor --y cuál es la dosis necesaria. El proceso fue estandarizado por la Organización Mundial de la Salud en 1961 (PDF) para que los laboratorios de todo el mundo pudieran obtener resultados comparables. En aquel entonces, los tratamientos con antibióticos eran relativamente nuevos, se estaban descubriendo nuevas clases de fármacos y las superbacterias no estaban tan diseminadas en los hospitales y en el mundo en general.
Un gran obstáculo para el desarrollo de nuevos tratamientos es que puede haber una gran brecha entre la eficacia de una droga en el laboratorio comparada con la complejidad del cuerpo humano. Varios laboratorios de investigación han descubierto recientemente formas en que las bacterias pueden eludir la prueba estándar, haciendo que microbios invulnerables parezcan susceptibles al tratamiento. Pero en un nuevo estudio en ratas, científicos de la Universidad de California-Santa Bárbara probablemente hallaron una manera de hacer que la prueba sea más precisa, e implica la utilización del más prosaico de los artículos del hogar.
Realizaron la prueba estándar de susceptibilidad a los antibióticos y añadieron bicarbonato de sodio, un producto químico al que se suele llamar polvo para hornear. No sólo está presente en la cajita que lo contiene en la parte trasera de su refrigerador, también se encuentra en el tejido humano --por esa razón los investigadores formularon la hipótesis de que su uso para poner a prueba las superbacterias simularía mejor cómo se comportan éstas en los seres humanos. "La bacteria dice entonces: ‘Estoy en el cuerpo, tengo que luchar’", dijo Michael Mahan, profesor de la UC Santa Bárbara y autor principal del nuevo estudio.
Es necesario realizar más investigaciones, dijo Mahan, pero los remedios realmente se comportaron de manera diferente cuando se añadió bicarbonato de sodio a la prueba estándar. Otros cambios en la sustancia utilizada para cultivar bacterias también afectaron la eficacia de los fármacos, mostrando que algunos antibióticos eran más potentes de lo que se pensaba y otros no.

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