¿Es más caro comer sano?

Related imageHace unos días, justo delante de mí en la caja del súper, iba una pareja joven con una niña pequeña en la sillita del carro. Casi me echo a llorar cuando vi lo que compraron: un cargamento de croissants industriales, botellas grandes de refrescos azucarados, pizzas congeladas, paquetes de salchichas, no sé cuántas bolsas de patatas fritas y palitos de queso… y ni un solo producto fresco: ni verdura ni fruta ni pescado.


Al cotejar los kilos de más de aquella pareja con su carro, pensé en el riesgo de obesidad de aquella niña y en la de veces que echamos la culpa a los niños de lo mal que comen, sin pensar siquiera en que los gustos se instalan a través del ejemplo. Dicho de otro modo: si en tu casa apenas entra la verdura o el pescado, pocas probabilidades tendrán tus hijos de desarrollar gusto por esos alimentos. Si te ven a ti tomarlos a diario, es mucho más probable que acaben gustándoles también… y que vean así reducido su riesgo de obesidad y muchas otras enfermedades relacionadas con ella.  


Si lo piensas, los argumentos siempre exculpan a los mayores. "Mis hijos odian la verdura y la fruta; como le saques de la pasta, la pizza y las patatas fritas, se quedan sin comer". O bien: "Llegamos a casa rotos y lo que menos nos apetece es ponernos a cocinar. Por eso, muchas veces pedimos comida por teléfono".   

Solo por curiosidad, hace poco hice un comparativo entre lo que costaba una cena para cuatro personas encargada por teléfono a una pizzería y una cena de puré de verduras, pollo asado y fruta de temporada, también para cuatro. Salía más barata la segunda opción, y, euro por euro, era muchísimo más nutritiva. Medido en unidades de salud, era infinitamente mejor.  

"Es fácil atribuir la epidemia de obesidad a la preferencia de los niños por la comida rápida; la realidad es que esos gustos son consecuencia de malos hábitos adquiridos en el seno de la familia", declaraban hace unos días los autores de un amplio estudio realizado por expertos de la Universidad de Carolina del Norte. 

Según ese estudio, las familias con niños obesos tienden a comprar pocos alimentos frescos y mucha comida procesada y bebidas azucaradas. "Los niños aficionados a la comida rápida suelen ser hijos de padres que declaran tener pocos recursos, pocas ganas o poco tiempo para preparar comidas sanas en casa", señalan los expertos. "Eso es lo que está detrás de la obesidad infantil y familiar y lo que hay que abordar para prevenirla".

POR MARISOL GUISASOLA Fuente: http://www.mujerhoy.com

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