Por Emol/GDA
Cuando en
junio de este año, la modelo Bria Murphy (hija del actor Eddie
Murphy) comentó en el matinal “Good morning America” lo asombrada que
estaba de ciertas prácticas que hacían algunas colegas en su desesperación por
mantenerse delgadas, tocó un tema que desde hace años viene sonando, causando
extrañeza y preocupación.
Tras mencionar el abuso de drogas y los lamentables desórdenes alimenticios,
Murphy habló de la “cotton ball diet” (la dieta de la bola de algodón), y que
consistía en sumergir pelotas de algodón quirúrgico en un líquido como jugo de
naranja y tragarlo para crear la sensación de estómago lleno.
Inmediatamente, la prensa internacional respondió alertando de esto, sobre
todo, tras constatar que en internet ya existen videos de adolescentes de no
más de 16 años que “enseñan” cómo realizan esta mal denominada “dieta”, algo
parecida al impactante hábito de comer pañuelos desechables por parte de las
modelos, que denunció este año la ex editora de Vogue Australia, Kristie
Clements.
"Nada bueno puede salir de esto. Absolutamente nada ", dijo la
editora del sitio web “Diets in Review”, Brandi Koskie, a ABC News, al ser consultada sobre la aparente práctica
de la “cotton ball diet”, ya no solo por modelos, sino que también por niñas y
adolescentes.
La mujer, también en el programa de ABC, alertó que, además, muchos algodones
quirúrgicos no son 100% algodón, y por ende, podrían tener poliéster y fibras
con químicos. “Tu ropa está hecha de poliéster, por lo que comer una bola de
algodón sintético sería como sumergir tu camisa en jugo de naranja y
comértela”, agregó.
A ese peligro se le suman los de la consecuente malnutrición, la asfixia e
incluso la formación de un bezoar, que es una bola que se puede formar con la
fibra acumulada en el estómago, y que no es capaz de pasar al intestino.
Lejos de considerarse una dieta, los expertos ya han clasificado esto como un
tipo de desorden alimenticio que tiene una cercana relación con el trastorno
mental llamado “pica”, como se conoce al antojo de comer cosas que no contienen
nutrientes, como la tiza.
“He tenido pacientes que comen cosas como papel o arcilla por el mismo motivo
de tratar de calmar el apetito y evitar ganar peso”, dijo Karmyn Eddy,
investigadora del programa de desórdenes alimenticios en el Massachusetts
General Hospital.
“Esta es, de todas maneras, una mala práctica, y encuentro alarmante que las
jóvenes que están haciendo esto no tengan la información para entender lo que
les están haciendo a sus cuerpos”, advirtió a la prensa estadounidense.
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