Cuando se busca vivir sin culpa y sin castigo por tener sexo con alguien más
Por Elizabeth Araujo / El Nacional / GDA
Gerardo no
tiene que inventarse la reunión de última hora; ni Luisa, su esposa, la visita
a una tía enferma para encontrarse, cada uno por separado, con sus amantes y
pasar la noche en un hotel, si la cita acordada promete ir más allá de las
caricias y los besos.
Hablamos de las parejas abiertas, esa invención que legó
la revolución sexual de los años sesenta, y que todavía hay algunos atrevidos
que la practican sin temor a poner en peligro su estabilidad familiar.
En
apariencia, el asunto promete ser muy sencillo. Una pareja, casada y hasta con
hijos, acuerda que pueden mantener relaciones íntimas fuera del matrimonio, con
el pretexto de enriquecer la confianza mutua y su vida afectiva, ahí donde
reside el amor con mayúsculas. Lo único que se piden es libertad en el plano
sexual, sin perder los beneficios de su unidad marital.
“No es nada
nuevo”, responde Leopoldo Salazar, psicólogo y consejero matrimonial, quien
afirma que cerca de 60% de las parejas en el mundo admiten ser o haber sido
infiel, aunque sea en un instante. “Es natural que en algún momento de nuestra
vida conozcamos a alguien que nos atrae de forma física, y que nos impulse a
echar una canita al aire, tanto en hombres como en mujeres”, afirma.
El
consejero entiende que, la mayor parte de las veces, cuando esto sucede la
pareja podría estar pasando por un mal momento, pero advierte que no es esa la
única razón porque “se puede ser infiel y no tener ningún problema de pareja”.
Probar del
plato ajeno
Pero está
claro que lo que motiva a Gerardo y Luisa es que han decido establecer un tipo
de relación paralela, tal vez en busca de sexo o una mezcla de sexo y afecto.
De modo que cada pareja pacta sus condiciones. Lo primero es no informar al
otro de sus aventuras y no convertir la relación con el amante de ocasión en
práctica reiterada, “a no ser que estén buscando excusas para terminar en el
divorcio”.
Las parejas
abiertas cubren una franja del diverso mundo de eso que llaman amor y que no
contempla relaciones cerradas ni la monogamia sucesiva ni la infidelidad. “Lo
que se busca es vivir sin culpa y sin castigo cuando se mantiene otras
relaciones sexuales o afectivas sin renunciar a la pareja”. Salazar, sin
embargo, no está convencido y no le ve futuro a esa práctica. “Lo digo, no por
mojigatería ni mucho menos, sino porque siempre habrá excusas para las
comparaciones, y en el momento menos esperado se resquebraja la confianza
mutua, sobre la cual se basan las uniones de parejas, tanto heterosexuales como
homosexuales”.
Los riesgos
o las dificultades que tienen que afrontar las parejas abiertas no son pocos, y
aunque una de las cláusulas habituales en los contratos de las relaciones
abiertas es que no está permitido enamorarse de otra persona, o por lo menos
enamorarse con más intensidad. En realidad todavía no se ha podido inventar la
pastilla que lo impida. Así que uno de los grandes riesgos que existen en este
tipo de relaciones son los celos. Por eso hay parejas que admiten las relaciones
sexuales ocasionales pero no las duraderas, y establecen la norma de ser
siempre sinceros y contarse acerca de las otras parejas. Otras prefieren no
saber nada.
Lo bueno y
lo no tan bueno
Entre las
ventajas destacan:
-La
sensación de libertad que da, no solo el poder estar con quién quiera, sino el
librarse de los celos.
-Mayor
respeto por la individualidad de la persona. El amor no implica prohibir ni
poseer.
-Ayuda en
gran parte el problema de caer en la rutina con tu pareja.
-Seguridad
de que, los momentos juntos, son momentos en los que ambos quieren estar con el
otro.
-Permite no
renunciar a nuevas experiencias o conocer a otras personas.
Entre las
desventajas figuran:
-Los
ataques de celos no son eliminados por decretos, y como dicen los expertos: la
pastilla anticelos todavía no ha sido inventada.
-En muchos
casos, las relaciones extrapareja pueden volverse intensas y dar lugar a las
comparaciones.
-Puede
haber conflicto si un miembro de la pareja tiene muchas relaciones secundarias
y el otro muy pocas o ninguna.
-La presión
social, el tema de la educación de los hijos y el entorno familiar cuenta, si
este pequeño secreto llegara a develarse.
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