Los padres pueden ser un enseñar formas de resolver los conflictos
Por El Tiempo, Colombia / GDA
Mucho se habla hoy de la importancia de enseñar a los niños y
jóvenes herramientas para la resolución pacífica de conflictos,
especialmente ante tantas y tan variadas formas de violencia.
Aunque existen distintos ámbitos y maneras de hacerlo, es en el hogar y especialmente a través del ejemplo de los padres, como mejor pueden desarrollarse dichas habilidades.
A la hora de formar valores de convivencia en los pequeños, es necesario analizar primero, de manera consiente y comprometida, la relación con la pareja, pues es este el primer referente de los hijos, especialmente en edades tempranas.
Es natural que existan desacuerdos en la relación de pareja, pues la convivencia no siempre resulta fácil y cada integrante puede pensar de manera diferente. Lo importante es que el niño acepte que muchas veces los padres no estén de acuerdo.
Sin embargo, si la pareja tiene problemas para funcionar coordinadamente como equipo, mantienen una situación permanente de conflicto, pelean y discuten constantemente y especialmente frente a sus hijos, estos pueden sentirse inseguros, temerosos y abandonados.
Desde muy corta edad los niños absorben todo lo que ven a su alrededor y cuando los modelos provenientes de sus padres están marcados por la agresión y la violencia o por el contrario, por la indiferencia, es muy posible que ellos los repitan en sus acciones cotidianas o futuras.
Los gritos, insultos y expresiones no verbales de furia generan en los pequeños altos niveles de estrés que se reflejan de múltiples formas como la ira, el bajo rendimiento en la escuela, problemas de atención, agresividad, hiperactividad o aislamiento.
Al no comprender o no conocer el origen de los conflictos entre sus padres, el niño puede sobredimensionar el problema, lo que le genera más ansiedad. Una pelea que para los adultos es pasajera, puede convertirse para él en una gran preocupación, pues tiende a pensar que no ha acabado, que es más grave de lo que parece o llegar a sentirse culpable de haber ocasionado el conflicto.
Todo esto vulnera su autoestima y la confianza en sí mismo, generando sentimientos de incertidumbre y angustia.
Las habilidades para la convivencia se aprenden del ejemplo, y el más cercano es el que se vive en el hogar.
No se trata de no tener ningún tipo de altercado frente a los hijos. Es más, las discusiones en las cuales no hay agresión, sirven para enseñar a los hijos formas pacíficas de resolver las diferencias. Los padres pueden mostrarle al pequeño que las situaciones difíciles las pueden controlar los adultos llegando a acuerdos.
No a la violencia
* Evite las peleas acaloradas delante de sus hijos. No recurra a la agresividad ni la violencia.
* Dialogue con su pareja e identifique con ella los comportamientos generan conflictos. Mantenga una comunicación fluida y respetuosa para llegar a acuerdos.
* No utilice a sus hijos para mediar un conflicto con la pareja. Puede generarle más angustia y causarle sentimientos de culpabilidad.
Aunque existen distintos ámbitos y maneras de hacerlo, es en el hogar y especialmente a través del ejemplo de los padres, como mejor pueden desarrollarse dichas habilidades.
A la hora de formar valores de convivencia en los pequeños, es necesario analizar primero, de manera consiente y comprometida, la relación con la pareja, pues es este el primer referente de los hijos, especialmente en edades tempranas.
Es natural que existan desacuerdos en la relación de pareja, pues la convivencia no siempre resulta fácil y cada integrante puede pensar de manera diferente. Lo importante es que el niño acepte que muchas veces los padres no estén de acuerdo.
Sin embargo, si la pareja tiene problemas para funcionar coordinadamente como equipo, mantienen una situación permanente de conflicto, pelean y discuten constantemente y especialmente frente a sus hijos, estos pueden sentirse inseguros, temerosos y abandonados.
Desde muy corta edad los niños absorben todo lo que ven a su alrededor y cuando los modelos provenientes de sus padres están marcados por la agresión y la violencia o por el contrario, por la indiferencia, es muy posible que ellos los repitan en sus acciones cotidianas o futuras.
Los gritos, insultos y expresiones no verbales de furia generan en los pequeños altos niveles de estrés que se reflejan de múltiples formas como la ira, el bajo rendimiento en la escuela, problemas de atención, agresividad, hiperactividad o aislamiento.
Al no comprender o no conocer el origen de los conflictos entre sus padres, el niño puede sobredimensionar el problema, lo que le genera más ansiedad. Una pelea que para los adultos es pasajera, puede convertirse para él en una gran preocupación, pues tiende a pensar que no ha acabado, que es más grave de lo que parece o llegar a sentirse culpable de haber ocasionado el conflicto.
Todo esto vulnera su autoestima y la confianza en sí mismo, generando sentimientos de incertidumbre y angustia.
Las habilidades para la convivencia se aprenden del ejemplo, y el más cercano es el que se vive en el hogar.
No se trata de no tener ningún tipo de altercado frente a los hijos. Es más, las discusiones en las cuales no hay agresión, sirven para enseñar a los hijos formas pacíficas de resolver las diferencias. Los padres pueden mostrarle al pequeño que las situaciones difíciles las pueden controlar los adultos llegando a acuerdos.
No a la violencia
* Evite las peleas acaloradas delante de sus hijos. No recurra a la agresividad ni la violencia.
* Dialogue con su pareja e identifique con ella los comportamientos generan conflictos. Mantenga una comunicación fluida y respetuosa para llegar a acuerdos.
* No utilice a sus hijos para mediar un conflicto con la pareja. Puede generarle más angustia y causarle sentimientos de culpabilidad.
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