Reconocida por “democratizar” la moda, la inglesa revolucionó los estándares de la época con la minifalda y escandalizó a la sociedad de esos años ya que la primera pieza medía solo 15 centímetros por encima de la rodilla.
La familia real británica, que no pudo contrarrestar el ‘boom’ de la pieza, que pasaría a convertirse en un símbolo de la cultura ‘pop’, llegó a un acuerdo para que solo llegara a siete centímetros por encima de la rodilla, aunque al final Quant llegó a ser condecorada por la reina Isabel II.
“La minifalda respondió a un grito de la mujer y destacó en su diseño por ser versátil. La mujer de esos años quería sentirse que dominaba y eso implicaba ponerse lo que quisiera. Fue una marca de rebeldía”, afirma Hernández.
La diseñadora, que tomó clases de diseño, corte y confección en el Instituto de Diseño y Moda de Carlota Alfaro y se trasladó a Manhattan, donde obtuvo un grado en diseño en el Fashion Institute of Technology (FIT), aseguró que “todo movimiento surge contra otro movimiento anterior”.
En el caso de la minifalda, según la modista boricua, quien trabajó con la diseñadora irlandesa Daryl K, fue una reacción a los diseños de faldas que imperaban en la época con Christian Dior: anchas y largas.
“Fue una respuesta para contradecir lo anterior... Ahora esas mujeres, que hoy tienen 70 años, son conservadoras y critican la ropa de las adolescentes de hoy. Pero en su tiempo fueron rebeldes, incluso más de las niñas de hoy”, opina.
La minifalda era barata y atractiva, por lo que estaba al alcance de cualquier mujer, que la veía como un símbolo de la liberación femenina.
La prenda, que sacudió los cimientos de la moda femenina durante la primera mitad del siglo XX, implicaba un cambio: las nuevas generaciones ya no iban a vestir igual que sus madres y nacía en años de transformaciones, ya que surgía la píldora anticonceptiva y en setiembre de ese año se lanzaba el primer simple de los Beatles, ‘Love me do’.
Pese a la lejanía de Europa, la minifalda llegó a Puerto Rico. “Sucedió porque fue una moda fuerte y pese a que no existían las comunicaciones de hoy. La usaban las universitarias. Es una pieza que no va a pasar de moda, aunque tendrá sus momentos y no es para todos los cuerpos ni ocasiones. En la isla es más fácil su uso: por estar en el Caribe se puede utilizar los 12 meses del año, pero no la recomiendo, por ejemplo, para la iglesia”. Transcurrido medio siglo, la minifalda aún tiene espacios vetados para escandalizar.
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