Un equipo de Tracie Afifi, de la Universidad de Manitoba, Canadá, estimó que entre el 2% y el 7% de los problemas mentales son resultado de los castigos impuestos en la niñez, excluidas las formas más graves de abuso y maltrato.
Para el estudio se analizaron los datos del Censo de los Estados Unidos y se halló que el 6% de los entrevistados dijo que en la niñez había sido castigado con empujones y golpes. Quienes habían padecido castigos físicos más duros tendían a ser más propensos a desarrollar distintos trastornos anímicos o de la personalidad o a consumir drogas o alcohol.
El 20% sufrió depresión y el 43% abusó del alcohol en algún momento, comparado con el 16% y el 30%, respectivamente, de los que no habían padecido golpes o cachetazos en la infancia.
En Pediatrics, el equipo publica que el castigo físico produciría estrés crónico en los niños. Eso podría aumentar la posibilidad de que desarrollen depresión o ansiedad en el futuro.
Michele Knox, psiquiatra especializada en violencia familiar y juvenil de la Facultad de Medicina de la Universidad de Toledo, coincidió en que aquella sería una explicación viable aunque no determinante, pues la depresión y la ansiedad, por ejemplo, son enfermedades parcialmente genéticas.
Aun así, afirmó que "utilizar formas de castigo corporal produce una gran cantidad de efectos negativos y casi ninguno positivo". Esos efectos adversos incluyen la agresividad y la delincuencia infantil, entre otros, concluyó la especialista.
Fuente: Reuters
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