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El lado positivo de la soledad


Maneja a tu favor la temible soledad y cambia tu actitud hacia ella
    
Por Tatiana Pérez Rivera /elnuevodia.com

L a soledad está en el medio del “ring” cuando se hace el anuncio de los contrincantes. En esta esquina, los que la aprovechan, la disfrutan y hasta asumen su visita con filosofía. En la otra, los que le temen, le huyen y ponen su vida en pausa hasta encontrar con quién desaparecerla.
El combate es cosa de todos los días para algunos, y para manejar la situación hay una recomendación simple: cambia de espejuelos, varía los lentes con los que ves la vida.
“No puedo, no, no y no”, confiesa su actitud hacia la soledad Marilisa Martínez, de 35 años.
“No importa que esté casada y que tenga hijos, no soporto cuando se van todos a la escuela y al trabajo. Prendo el televisor para escuchar gente y hasta he llegado a acostarme a dormir para no darme cuenta de que no hay nadie. Siempre me ha dado miedo estar sola”, subraya la mujer que no identifica episodios traumáticos en su vida que motiven el temor.
Ir de compras, al cine y hasta comer en solitario son pruebas de fuego para algunas personas. La soledad, como el miedo, puede llegar a ser paralizante.
Y la crianza en nuestra Isla no ayuda mucho a contrarrestarlo. La doctora en sicología Ingrid Marín asegura que cultural y socialmente aquí no se fomenta que la persona esté sola, por lo que es común escuchar “no vayas sola” o “yo te acompaño”. Incide en igual manera el que “todavía estamos pensando que todas las personas tienen que tener una pareja a cierta edad y, cuando no sucede, si la persona no tiene buena autoestima puede llegar a deprimirse”.
Agrega la especialista que muchas personas “no han aprendido a disfrutar de la soledad”. “Ni se preguntan ‘¿qué puedo hacer hoy que mi esposo está de viaje?’, no sienten que pueden tomar decisiones correctas, siempre necesitan que otro les brinde seguridad”, apunta Marín.
Por lo general ese tipo de persona, especifica, ha vivido en familias grandes o ha tenido padres que no potenciaron su desarrollo independiente al máximo.
“Por eso cree que no puede decidir. A veces me dicen ‘es que mi mamá era así’ y entonces esos patrones de conducta familiares fueron aprendidos”, resalta la sicóloga, “el problema es que cuando llegan momentos de soledad para estas personas -un rompimiento de relación, la partida de los hijos del hogar o la viudez- se sienten perdidas y no saben qué hacer”.
El terreno es fértil, en esas condiciones, para el surgimiento de la depresión, para incurrir en conductas de alcoholismo, uso de sustancias controladas para sentirse bien o hasta para el apego a personas poco apropiadas.

El domingo, no
Clara Lugo, de 28 años, cuenta que de pequeña siempre le gustaba jugar sola “y la verdad es que lo disfrutaba mucho”. “Pero ahora de adulta a veces la soledad me da una ansiedad horrible”, afirma esta profesional.
“Vivo sola. Me levanto y prendo la radio rápido para escuchar el revolú. Tener mascota ha sido terapéutico porque me da la sensación de compañía. Y no es que no disfrute andar sola en la casa, pintarme las uñas y ver una película o leer sola de lo más tranquila pero la verdad el silencio, el no tener a quién contarle las cotidianidades del día es lo más difícil. Lo peor... los domingos por la mañana. Nadie debe desayunar solo los domingos”, puntualiza Lugo.
Quizás sí. Quizás desayunar solo puede tener otro sabor si se intenta cambiar de frecuencia. Altera la rutina, desayuna leyendo o fíjate en el paisaje.
“Usualmente la soledad no se contempla como parte de la vida de todo ser humano y puede entenderse de manera positiva”, dice la doctora Marín, “tenemos que sobrellevarla de forma balanceada y aprendiendo a hacer cosas que nos hagan sentir bien como individuos”.
Realizar un proceso de introspección es imperativo. “Evalúa cuán feliz te hace no estar con nadie y si es intolerable, si los pensamientos no son agradables y te llegan ideas de hacerte daño, es señal de que debes buscar ayuda con un consejero, un guía espiritual o un profesional de la salud mental. Juntos deben trabajar estrategias que te ayuden a trabajar con tu autoestima y buscar alternativas para aprender a disfrutar en compañía y solo”.
Reflexionar es saludable, pensar en cosas negativas sin duda no. “Si lo que llega a tu mente y a tu corazón es dolor, tristeza y ansiedad tienes que buscar ayuda para manejar esos cabos sueltos”, insiste Marín.

Sola y con sonrisa
Manos a la obra. Primero cambia la definición de soledad en tu cabeza y considérala una oportunidad. “No debes dejar de hacer las cosas que quieres por no tener compañía, oblígate a salir y aprende a disfrutar sola”, invita la sicóloga.
“Para mí la soledad es ese momento de poder hacer lo que me dé la gana”, señala Maricarmen Rivera, de 41 años.
Y eso, lectores, para algunos es un lujo.
“Me casé en mis tempranos treinta así que tuve mucho tiempo para estar solita comigo en mi apartamento”, narra Rivera.
“Y sí, hay momentos en que sientes presión, no quieres ir sola a una boda o a un evento familiar en el que te mirarán con sospecha porque no te acabas de casar. Así que yo aprendí a valorar mi tiempo, a no torturarme -si quería ir a la boda me llevaba un amigo y si no me zafaba-”, expone.
En el proceso, Rivera aprendió a conocerse y a tener claro sus límites. “Cuando conocí a mi esposo sabía qué cosas me gustaban a mí, llevaba las riendas de mi vida”, señaló como una vivencia positiva.
Luis Rivera, de 37 años, sabe que hay días en los que no debe estar solo porque “pienso demasiado y me aburro”. En esos momentos corre bicicleta o va al cine. Las demás veces considera que la soledad “es una bendición” porque “solo me tengo que complacer a mí”. “Y eso, la mayoría de las veces, se me olvidaba”, reconoce el contratista.
La soledad permanece en el “ring” luego del anuncio de los contrincantes. A ninguno le interesa combatir. Hacer las paces con ella, después de todo, no es mala idea.

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