Estrategias para tomar control y no desesperarte ante los sucesos inesperados de la vida
Por Ileana Delgado Castro/ elnuevodia.com
Hace dos años Alicia Mercado fue una de las miles de personas que perdieron su empleo en una oficina gubernamental debido a la implementación de la a Ley 7. Llevaba 27 años laborando en el mismo departamento aunque en diferentes posiciones.
Fue un golpe tan inesperado como devastador para esta madre soltera con la que aún viven dos hijos, un adolescente y una universitaria.
“Yo siempre había pensado que tenía un trabajo relativamente seguro y que me jubilaría cuando cumpliera 30 años. Luego, con los hijos y los gastos me di cuenta de que no iba a poder, pero no me dio tiempo a decidir nada porque me despidieron antes”, dice Mercado con cierto dejo de amargura. Pero afirma que luego de más de seis meses de negación, mucho coraje y depresión, por fin entendió que tenía que “move on” (salirse de esa actitud) y hacer algo positivo para conseguir un nuevo empleo.
Llegar a esa decisión no fue fácil. Especialmente, porque no se había preparado para esa eventualidad. Pero con el tiempo, dice que con la ayuda de la familia, algunas amistades y, eventualmente, la de un profesional “pude salir del marasmo en el que estaba viviendo”. Y es que aprender a adoptar una actitud mental saludable ante sucesos inesperados de la vida puede ser un proceso difícil. Sin embargo, es lo que puede hacer la diferencia entre la desesperación -no tener esperanzas- y la determinación -tener control para tomar decisiones.
Todo estamos expuestos
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Lo primero que se debe entender es que todos estamos expuestos a sufrir percances, desilusiones y problemas en la vida, advierte la psicóloga clínica y educadora en salud Ada Mildred Alemán.
Y la forma en cómo lidiamos con esa situaciones complejas que se presentan si avisar, van a determinar si nos abrumamos o aprovechamos el momento para ganar fuerza, confianza y experiencia.
“Ni tu raza, religión, clase social o nivel educativo te van a proteger o te van a aislar en una burbuja en la que nada te va a afectar. Lo inesperado ocurre todos los días”, puntualiza Alemán, quien también es catedrática asociada del Recinto de Ciencias Médicas.
En ese sentido, advierte que todo va a estribar en cómo cada persona visualiza su mundo. Por ejemplo, dice que si piensas que la vida es un jardín de rosas, no te preparas para cuando esta te muestre las espinas.
La educadora también cree que uno de los mejores ejemplos de que muchas personas no se preparan para las eventualidades del diario vivir fue lo que pasó con muchos de los empleados que perdieron sus empleos en el Gobierno hace ya tres años.
“Tradicionalmente se repetía que trabajar para el Gobierno era seguro. Había mucha gente que hacía un año y repetía 29 porque seguían haciendo lo mismo hasta que se retiraban. Pero de esa forma se eliminaba la creatividad o atreverse a hacer otras cosas. Y eso aniquila a la gente y a las empresas”, afirma Alemán, quien hace la distinción de que, independientemente de si fue una buena decisión o no, ese cantazo demostró que nada es seguro.
“Por primera vez se rompió el mito de que el trabajo de gobierno era seguro. La forma en que se hizo quizás no fue la mejor, pero hay gente que aprendió de eso, aunque hay otros que todavía están llorando”, sostiene la experta, tras destacar la importancia de que todos tenemos que prepararnos para la incertidumbre.
De la misma forma, la psicóloga llama la atención sobre las personas que dicen “esto no me lo merezco” o “qué hice para que me suceda esto”.
“Hay un indicio de que entienden que son tan buenos y tan buenos que no debe pasarles nada. Pero se tiene que entender que en este espacio terrenal existen problemas y que a todos no va a tocar en algún momento; me pueden robar, perder el empleo o perder a un ser querido de forma imprevista. Todo es una posibilidad que debo valorar y pensar”, recomienda Alemán.
buenos pensamientos
Pero resalta que eso no quiere decir que todo el tiempo se tenga que estar pensando en que algo malo va a pasar. Más bien, agrega, es cuestión de saber sacar provecho de las eventualidades.
“Pero si estás en un papel de víctima constante y deseos de venganza, eso a quien hace daño es a la misma persona”, advierte la educadora, al tiempo que destaca que aun de las experiencias negativas se aprende y la persona puede crecer.
Es, precisamente, lo que Alemán ha hecho luego de perder a su hijo mayor, quien fue asesinado en agosto de 2010. Y aunque dice que el dolor por perder a su hijo siempre está ahí decidió “no llenarme de coraje o de deseos de venganza”, contra la persona que lo mató.
“Hay casos de personas que pasan por esa situación y se llenan de rencores, se quedan patinando en el dolor. Mi enfoque es muy distinto. No soy la primera ni la única ni la última que ha pasado por esto. Así que vamos a aprender de la experiencia y entender que la muerte la tenemos en el hombro, es una realidad cotidiana”, sostiene Alemán, quien pone el ejemplo del doctor Viktor Frankl, un neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió a campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau y cuya familia -padres, hermanos y esposa- mueren en la cámara de gas.
“A partir de esa experiencia, luego de ser liberado, escribió el libro ‘El hombre en busca de sentido’, donde demostró que a pesar de todo, el ser humano le puede dar otro significado a la vida”, agrega Alemán.
En el libro Frankl describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra. Y expone, además, que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.
De hecho, esta reflexión le sirvió para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del Psicoanálisis de Freud y de la Psicología individual de Adler.
Para Alemán, es un ejemplo de flexibilidad psicológica, actitud que es la base de una salud mental positiva y algo que, según destaca, que se puede trabajar. Especialmente para desarrollar tolerancia, ser solidario, buscarle sentido a la vida y tratar de entender al otro, aunque no sea tu amigo.
“La flexibilidad es cuando comienzas a comunicarte con la gente y te das cuenta de que no todo el mundo piensa como tú y para poder establecer una comunicación efectiva y proactiva debo ser flexible”, sostiene Alemán.
Clave la actitud
Ante una crisis, la actitud que tengas va a determinar, en gran medida, cómo vas a reaccionar. Por eso, la consejera profesional Monsita Nazario cree que ante la falta de esperanza se contrapone la determinación o la firmeza en la manera de actuar.
“El autocontrol -para vencer la desesperación de no poder lograr de inmediato lo que quieres- es lo que te ayuda a comprender lo que pasó. También te permite identificar las fortalezas y poner en práctica tu capacidad de resiliencia (para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas)”, afirma Nazario.
Según la consejera, uno de los problemas que confrontan muchas personas en estos días es que normalmente están más pendiente de cultivar lo físico y se olvidan de lo espiritual y lo emocional.
“Somos seres humanos integrales y debemos tener un balance. Esto tiene que ser constante y no esperar a que surja la crisis para ver en qué tienes que trabajar”, advierte Nazario, mientras resalta que si no tienes identificadas tus fortalezas, cuando llega una crisis o un percance, es más complicado.
La experta también recomienda que siempre se debe tener identificada a una persona dentro del grupo de amistades o familiar a la que se le pueda pedir auxilio en un momento de crisis, aunque no necesariamente es para que te ayude a salir del problema.
“Es la que te puede ayudar a pensar con más claridad porque en un momento de crisis las emociones están comprometidas”, agrega Nazario, quien cree en la importancia de analizar la situación por la que estás pasando para poder crecer con ella.
Por eso advierte sobre la posibilidad de que decidas convertirte en víctima y aunque “venga un mundo entero a ayudarte”, no salgas de ese círculo. “La consejería y los profesionales de la salud pueden ayudar, pero no hay una varita mágica o una poción que te la tomas y se acaba todo. Y ahí entra cómo enfrento el problema, me reinvento o me convierto en víctima”, advierte la consejera, al tiempo que resalta la importancia de la espiritualidad y la fe.
“Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha creído en algo, cada quien en lo suyo. Y eso le ha permitido trascender y entender que es una persona única, importante e insustituible”, puntualiza Nazario.
Fue un golpe tan inesperado como devastador para esta madre soltera con la que aún viven dos hijos, un adolescente y una universitaria.
“Yo siempre había pensado que tenía un trabajo relativamente seguro y que me jubilaría cuando cumpliera 30 años. Luego, con los hijos y los gastos me di cuenta de que no iba a poder, pero no me dio tiempo a decidir nada porque me despidieron antes”, dice Mercado con cierto dejo de amargura. Pero afirma que luego de más de seis meses de negación, mucho coraje y depresión, por fin entendió que tenía que “move on” (salirse de esa actitud) y hacer algo positivo para conseguir un nuevo empleo.
Llegar a esa decisión no fue fácil. Especialmente, porque no se había preparado para esa eventualidad. Pero con el tiempo, dice que con la ayuda de la familia, algunas amistades y, eventualmente, la de un profesional “pude salir del marasmo en el que estaba viviendo”. Y es que aprender a adoptar una actitud mental saludable ante sucesos inesperados de la vida puede ser un proceso difícil. Sin embargo, es lo que puede hacer la diferencia entre la desesperación -no tener esperanzas- y la determinación -tener control para tomar decisiones.
Todo estamos expuestos
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Lo primero que se debe entender es que todos estamos expuestos a sufrir percances, desilusiones y problemas en la vida, advierte la psicóloga clínica y educadora en salud Ada Mildred Alemán.
Y la forma en cómo lidiamos con esa situaciones complejas que se presentan si avisar, van a determinar si nos abrumamos o aprovechamos el momento para ganar fuerza, confianza y experiencia.
“Ni tu raza, religión, clase social o nivel educativo te van a proteger o te van a aislar en una burbuja en la que nada te va a afectar. Lo inesperado ocurre todos los días”, puntualiza Alemán, quien también es catedrática asociada del Recinto de Ciencias Médicas.
En ese sentido, advierte que todo va a estribar en cómo cada persona visualiza su mundo. Por ejemplo, dice que si piensas que la vida es un jardín de rosas, no te preparas para cuando esta te muestre las espinas.
La educadora también cree que uno de los mejores ejemplos de que muchas personas no se preparan para las eventualidades del diario vivir fue lo que pasó con muchos de los empleados que perdieron sus empleos en el Gobierno hace ya tres años.
“Tradicionalmente se repetía que trabajar para el Gobierno era seguro. Había mucha gente que hacía un año y repetía 29 porque seguían haciendo lo mismo hasta que se retiraban. Pero de esa forma se eliminaba la creatividad o atreverse a hacer otras cosas. Y eso aniquila a la gente y a las empresas”, afirma Alemán, quien hace la distinción de que, independientemente de si fue una buena decisión o no, ese cantazo demostró que nada es seguro.
“Por primera vez se rompió el mito de que el trabajo de gobierno era seguro. La forma en que se hizo quizás no fue la mejor, pero hay gente que aprendió de eso, aunque hay otros que todavía están llorando”, sostiene la experta, tras destacar la importancia de que todos tenemos que prepararnos para la incertidumbre.
De la misma forma, la psicóloga llama la atención sobre las personas que dicen “esto no me lo merezco” o “qué hice para que me suceda esto”.
“Hay un indicio de que entienden que son tan buenos y tan buenos que no debe pasarles nada. Pero se tiene que entender que en este espacio terrenal existen problemas y que a todos no va a tocar en algún momento; me pueden robar, perder el empleo o perder a un ser querido de forma imprevista. Todo es una posibilidad que debo valorar y pensar”, recomienda Alemán.
buenos pensamientos
Pero resalta que eso no quiere decir que todo el tiempo se tenga que estar pensando en que algo malo va a pasar. Más bien, agrega, es cuestión de saber sacar provecho de las eventualidades.
“Pero si estás en un papel de víctima constante y deseos de venganza, eso a quien hace daño es a la misma persona”, advierte la educadora, al tiempo que destaca que aun de las experiencias negativas se aprende y la persona puede crecer.
Es, precisamente, lo que Alemán ha hecho luego de perder a su hijo mayor, quien fue asesinado en agosto de 2010. Y aunque dice que el dolor por perder a su hijo siempre está ahí decidió “no llenarme de coraje o de deseos de venganza”, contra la persona que lo mató.
“Hay casos de personas que pasan por esa situación y se llenan de rencores, se quedan patinando en el dolor. Mi enfoque es muy distinto. No soy la primera ni la única ni la última que ha pasado por esto. Así que vamos a aprender de la experiencia y entender que la muerte la tenemos en el hombro, es una realidad cotidiana”, sostiene Alemán, quien pone el ejemplo del doctor Viktor Frankl, un neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió a campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau y cuya familia -padres, hermanos y esposa- mueren en la cámara de gas.
“A partir de esa experiencia, luego de ser liberado, escribió el libro ‘El hombre en busca de sentido’, donde demostró que a pesar de todo, el ser humano le puede dar otro significado a la vida”, agrega Alemán.
En el libro Frankl describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra. Y expone, además, que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.
De hecho, esta reflexión le sirvió para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del Psicoanálisis de Freud y de la Psicología individual de Adler.
Para Alemán, es un ejemplo de flexibilidad psicológica, actitud que es la base de una salud mental positiva y algo que, según destaca, que se puede trabajar. Especialmente para desarrollar tolerancia, ser solidario, buscarle sentido a la vida y tratar de entender al otro, aunque no sea tu amigo.
“La flexibilidad es cuando comienzas a comunicarte con la gente y te das cuenta de que no todo el mundo piensa como tú y para poder establecer una comunicación efectiva y proactiva debo ser flexible”, sostiene Alemán.
Clave la actitud
Ante una crisis, la actitud que tengas va a determinar, en gran medida, cómo vas a reaccionar. Por eso, la consejera profesional Monsita Nazario cree que ante la falta de esperanza se contrapone la determinación o la firmeza en la manera de actuar.
“El autocontrol -para vencer la desesperación de no poder lograr de inmediato lo que quieres- es lo que te ayuda a comprender lo que pasó. También te permite identificar las fortalezas y poner en práctica tu capacidad de resiliencia (para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas)”, afirma Nazario.
Según la consejera, uno de los problemas que confrontan muchas personas en estos días es que normalmente están más pendiente de cultivar lo físico y se olvidan de lo espiritual y lo emocional.
“Somos seres humanos integrales y debemos tener un balance. Esto tiene que ser constante y no esperar a que surja la crisis para ver en qué tienes que trabajar”, advierte Nazario, mientras resalta que si no tienes identificadas tus fortalezas, cuando llega una crisis o un percance, es más complicado.
La experta también recomienda que siempre se debe tener identificada a una persona dentro del grupo de amistades o familiar a la que se le pueda pedir auxilio en un momento de crisis, aunque no necesariamente es para que te ayude a salir del problema.
“Es la que te puede ayudar a pensar con más claridad porque en un momento de crisis las emociones están comprometidas”, agrega Nazario, quien cree en la importancia de analizar la situación por la que estás pasando para poder crecer con ella.
Por eso advierte sobre la posibilidad de que decidas convertirte en víctima y aunque “venga un mundo entero a ayudarte”, no salgas de ese círculo. “La consejería y los profesionales de la salud pueden ayudar, pero no hay una varita mágica o una poción que te la tomas y se acaba todo. Y ahí entra cómo enfrento el problema, me reinvento o me convierto en víctima”, advierte la consejera, al tiempo que resalta la importancia de la espiritualidad y la fe.
“Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha creído en algo, cada quien en lo suyo. Y eso le ha permitido trascender y entender que es una persona única, importante e insustituible”, puntualiza Nazario.
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