Sexo, mentiras y poder no son inventos del hombre sino del mono

Incluso la cooperación, la ayuda mutua y la reconciliación son conductas heredadas de un ancestro común con los primates. También los monos hacen política y tejen alianzas


 Es sabido que los humanos heredamos de aquellos lejanos antepasados la morfología, pero al parecer lo mismo sucede con el comportamiento. Muchos rasgos negativos de la conducta humana están presentes en los simios actuales, pero también los aspectos positivos.

Es la tesis que sostiene el primatólogo Bernard Chapais, del Departamento de Antropología de la Universidad de Montréal (Canadá), autor del libro Parentesco primigenio. Cómo el apareamiento dio origen a la sociedad humana (Primeval Kinship: How Pair-Bonding Gave Birth to Human Society, Harvard University Press, 2008).

"Cualquiera que empiece a observar a los primates -sostiene Chapais- quedará enseguida impactado por los parecidos: el comportamiento maternal, el juego, las relaciones de dominación, las coaliciones, todo nos remite directamente a conductas humanas". (Ver además Las monas salvajes juegan a las muñecas)

Este investigador, que ha asociado la antropología cultural de Claude Lévi-Strauss con la primatología, se alegra de que un enfoque biologizante de los comportamientos sociales se abra lentamente camino entre los antropólogos.

"El hombre no desciende de ningún simio actualmente vivo", aclara, para tranquilidad de todos. "De hecho, el primate contemporáneo más cercano a nosotros, el chimpancé, desciende de un ancestro común con el hombre pero que vivió hace 5 a 6 millones de años. Es como dos primos que tienen los mismos abuelos. Nuestros ancestros comunes nos han legado forzosamente cosas comunes", explicaba el profesor en una entrevista otorgada a la revista Québec Science.

"Formar un grupo para desplazar a otro y así tener acceso al alimento" o "aliarse con otro individuo para subir en la jerarquía y así tener prioridad en el acceso a las hembras" son estrategias que Chapais ha observado en los primates.

Un recurso limitado crea una competencia entre los simios que puede dar lugar a la agresión. A su vez, esa competencia agresiva genera dominación, ya que, para algunos individuos, puede resultar preferible someterse a otro más fuerte que enfrentarlo. "Esta jerarquía de dominantes y dominados lleva a cierta tensión en el grupo por la desigualdad de privilegios que causa, y es entonces cuando se desarrollan mecanismos para reducir esas tensiones, como el acicalamiento mutuo o la reconciliación después del conflicto", explica Chapais, en un proceso que evoca al de la sociedad humana.

"Los primates hacen mucha política", concluye. Y subraya el hecho de que un comportamiento inicialmente negativo como la competencia agresiva puede derivar finalmente en cooperación.

Otro fenómeno presente entre los simios es el de "la transmisión del estatus social de la madre a sus descendientes", dice el investigador. "Al dar apoyo a su cría ante los primeros conflictos, la madre le transmite su rango de dominación, evitándole así la caída al último peldaño de la jerarquía".

Pero en el juego de poder y dominación, hay diferencias entre los humanos y sus "primos". Así lo explica Chapais: "Contrariamente al primate, para el cual el poder está esencialmente basado en la fuerza física, el hombre le agrega una dimensión extremadamente importante: la psicológica. Como los seres humanos son muy interdependientes, el poder recae en el que sabe manipular la dependencia de los demás".

"No hay guerra entre los primates -dice Chapais-, no hay entidad política agrupada en torno a un líder que cataliza la agresividad de su grupo contra otro grupo de simios. El ser humano, con el lenguaje, es capaz de orientar poblaciones enteras hacia un solo objetivo común. Puede justificar sus ataques exponiendo toda clase de razones ideológicas, económicas y religiosas".

Otra constatación sorprendente es que existe, entre algunos simios, una disociación entre reproducción y sexualidad, característica del humano. "Los bonobos, una de las dos especies de chimpancé, utilizan el sexo para reconciliarse luego de un altercado", dice por ejemplo Chapais.

Ahora bien, esto no significa que la observación de los monos explique la totalidad del comportamiento humano, dado que se trata de cerebros que evolucionaron de modo independiente durante millones de años. Aun así, Chapais sostiene que el estudio de la conducta simiesca en distintos ambientes "permite elaborar modelos que explican la variación de los comportamientos (y) los orígenes de fenómenos tales como la agresión, la subordinación, la reconciliación y la formación de alianzas".

La gran pregunta que abre su investigación es la de saber si el origen tan ancestral de algunas conductas humanas implica la imposibilidad de su reversión. Por ejemplo, lo que él llama "hostilidad intergrupo" de los monos -y que entre los humanos sería etnocentrismo, xenofobia o racismo- es una conducta que monos y humanos heredan de su ancestro común.

"Hay comportamientos que vienen de tan lejos desde un punto de vista evolutivo que probablemente nunca seremos capaces de liberarnos por completo de ellos. Pero eso no quiere decir que seamos esclavos de éstos". En el caso de la hostilidad intergrupo, la herramienta que el hombre ha desarrollado y que lo diferencia radicalmente del primate es el lenguaje. "Gracias al lenguaje y a la educación, se puede buscar acrecentar la familiaridad con el extraño y reducir las tensiones".

"En el proceso de hominización -dice Chapais-, hemos adquirido varios atributos que nos son específicos y que vienen a interferir con la vieja herencia. El lenguaje es quizá el mejor ejemplo; la conciencia de sí, el razonamiento, la capacidad de atribuir pensamientos a los demás son otros. Somos realmente una mezcla de ambos, una integración de lo nuevo y de lo viejo".

La evolución le ha dado al hombre una característica única: el aprendizaje, que juega un gran rol en la adquisición y modificación de nuestro comportamiento.

Consultado acerca de utilidad de la biología evolutiva, Chapais dice que "una sociedad en la cual se haya desarrollado una mayor conciencia de las motivaciones" podría ser "capaz de prevenir las situaciones de conflicto para enfrentarlas mejor".

Pero también advierte que este conocimiento puede llevar a la resignación. "La gente podría decirse: 'Está en nuestros genes, no podemos hacer nada, el grande aplasta al pequeño, es así...'"

Pero Chapais considera que, por el contrario, "el mensaje de la biología evolutiva y de la primatología es que el hombre ha desarrollado varios nuevos atributos que le permiten combatir y controlar esa vieja herencia genética: hacer la paz es tan natural como hacer la guerra".

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