Los sustos te ayudan a recordar, en situaciones de tensión la memoria funciona mejor

Por María Jesús Ribas / EFE Reportajes

“Me han echado un balde de agua fría”. Es lo que solemos decir para ilustrar la parálisis transitoria o la súbita alteración emocional o psicológica, que se produce cuando recibimos una información sorprendente o al enterarnos de un hecho inesperado, conflictivo o muy desagradable.
Recientemente, un equipo de investigadores ha aprovechado el sorpresivo impacto del agua fría aunque con otros fines más productivos para la mente.
Un grupo de expertos argentinos, del Laboratorio de Neurobiología de la Memoria IFIBYME, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, han logrado recuperar recuerdos olvidados mediante la aplicación a la persona de un frío intenso.
“Seguramente muchos recordamos qué hacíamos cuando nos enteramos del atentado contra las Torres Gemelas. Es que los recuerdos, tanto los buenos como los malos, se asocian con un ‘shock’ emocional”, explica desde el Centro de Divulgación Científica, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA.


“Del mismo modo-según los expertos de la UBA- un impacto como la sensación de frío intenso hizo que un grupo de personas recuperara un recuerdo que parecía perdido”.
"En una prueba observamos que las personas podían recordar mejor una serie de sílabas aprendidas si eran sometidos a un estrés leve, en comparación con el grupo control, que no lo sufrió", explica la bióloga Verónica Coccoz, primera autora del trabajo, del que participaron los doctores Alejandro Delorenzi y Héctor Maldonado.
El primer día de la prueba, 125 voluntarios aprendieron una lista de sílabas, la cual estaba precedida de una combinación de luz, imagen y música. Al sexto día, fueron expuestos al mismo contexto de música y luz, para fomentar la evocación, y pudieran completar la lista de sílabas.
A consecuencia de ese desajuste entre lo esperado y la realidad, la memoria de los voluntarios se volvió más frágil e inestable.


Entonces se les solicitó a los voluntarios que sumergieran el brazo en un envase, que contenía agua templada para el grupo control, y agua helada para el grupo principal.
El séptimo día, se volvió a presentar el contexto a los voluntarios, y se les preguntó por la lista de sílabas. Se comprobó que aquellos que soportaron el agua helada recordaron mucho mejor que los que colocaron su brazo en el agua templada.
La retentiva oculta
“Al someter a los participantes a un estrés leve durante la reconsolidación de sus recuerdos vimos que esta memoria que parecía olvidada estaba intacta, ya que ahora expresan un 80% de lo aprendido”, explicó la doctora Delorenzi.
De acuerdo con los investigadores, ante una situación de estrés se liberan sustancias como la epinefrina, el cortisol y la glucosa, que juegan un rol central en la modulación de la memoria.
Su experimento demostró que “el recuerdo no había desaparecido y pudo ser expresado, y que la memoria puede borrarse, actualizarse o mejorarse”.
“Cuando la retentiva falla, puede ser que no esté almacenada, o tratarse de una dificultad para expresarla”, indica Delorenzi, que añade: “ahora tenemos una herramienta para poder acceder a memorias que parecen olvidadas, es como abrir una caja negra”.

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