Por la Redacción de El Tiempo
Parece un mito, pero no lo es: si un hombre se mueve como Dios manda en la pista de baile, tiene muchas probabilidades de ser una locomotora en la cama. La gloriosa comprobación corrió por cuenta de investigadores de la Universidad de Northumbria, en Newcastle (Reino Unido).
Todo indica que para los autores de un estudio sobre el tema, la diferencia entre un hombre atractivo y otro que no lo es reside en la forma como mueve cada segmento de su cuerpo, lo que alcanza su máxima expresión durante el baile.
Para ser más exactos, la forma como ellos mueven sus manos y sus brazos, así como el cuello y el tronco, y la velocidad que les imprimen a las rodillas, son armas poderosas, e inconscientes, de seducción que muy pocos utilizan.
Cuando los señores bailan, su cuerpo emite unas señales que las mujeres leen, también sin darse cuenta, en términos de salud, vigor, fuerza y sobre todo de calidad reproductiva del macho. El asunto es tan serio que el cerebro femenino selecciona, de manera casi automática, como más atractivos a aquellos que despliegan movimientos más armónicos y simétricos. Aunque desde Charles Darwin, con su Teoría de la Evolución de la Especies, los científicos han relacionado el baile con el cortejo y el apareamiento animal.
Por ese camino han establecido que en los seres humanos, las danzas femeninas que incluyen batidas y golpes de cadera, movimientos ondulantes de los brazos y del vientre, el 'shimmy' y hasta la danza del tubo, le levanta el ánimo a cualquier lánguido varón. Hasta ahora no se había estudiado el impacto de la danza de los varones en las mujeres.
Pues bien, al parecer la facilidad con la que ellos mueven las caderas, separan las partes del cuerpo para seguir una melodía, y la frecuencia y velocidad con las que lo hacen, están íntimamente ligadas a la forma, al tamaño de sus huesos y a la tensión de sus ligamentos.
Todo esto tiene que ver con el equipaje de testosterona que carga cada uno; y es que además de ganas, esta hormona les aporta las características sexuales.
Todo indica que para los autores de un estudio sobre el tema, la diferencia entre un hombre atractivo y otro que no lo es reside en la forma como mueve cada segmento de su cuerpo, lo que alcanza su máxima expresión durante el baile.
Para ser más exactos, la forma como ellos mueven sus manos y sus brazos, así como el cuello y el tronco, y la velocidad que les imprimen a las rodillas, son armas poderosas, e inconscientes, de seducción que muy pocos utilizan.
Cuando los señores bailan, su cuerpo emite unas señales que las mujeres leen, también sin darse cuenta, en términos de salud, vigor, fuerza y sobre todo de calidad reproductiva del macho. El asunto es tan serio que el cerebro femenino selecciona, de manera casi automática, como más atractivos a aquellos que despliegan movimientos más armónicos y simétricos. Aunque desde Charles Darwin, con su Teoría de la Evolución de la Especies, los científicos han relacionado el baile con el cortejo y el apareamiento animal.
Por ese camino han establecido que en los seres humanos, las danzas femeninas que incluyen batidas y golpes de cadera, movimientos ondulantes de los brazos y del vientre, el 'shimmy' y hasta la danza del tubo, le levanta el ánimo a cualquier lánguido varón. Hasta ahora no se había estudiado el impacto de la danza de los varones en las mujeres.
Pues bien, al parecer la facilidad con la que ellos mueven las caderas, separan las partes del cuerpo para seguir una melodía, y la frecuencia y velocidad con las que lo hacen, están íntimamente ligadas a la forma, al tamaño de sus huesos y a la tensión de sus ligamentos.
Todo esto tiene que ver con el equipaje de testosterona que carga cada uno; y es que además de ganas, esta hormona les aporta las características sexuales.
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