Por Tatiana Pérez Rivera /elnuevodia.com
Quién diría. En escuela elemental compartían asignaciones y paseos en bicicleta, en intermedia les dio pavera juntos y en la superior atestiguaron sus respectivos enamoramientos.
Acabó la escuela y la relación amistosa no se desgastó. Creció con los intereses y sueños de cada parte que, resulta ser, son un hombre y una mujer. Cero romance. Amistad pura.
En contra de pronósticos y suspicacias, sucede que hombres y mujeres no siempre se enamoran. Es posible que solo se quieran como grandes amigos que mantienen la categoría de incondicionales.
Amigos por más de 50 años
Conozca el caso de Víctor Díaz e Ida Pilar De Jesús. Amistad iniciada en primer grado en el Colegio San Miguel de Utuado y extendida hasta hoy. Ya tienen 61 años.
“Hemos marchado la ruta juntos”, señala Díaz, farmacéutico, “hay una química especial que posiblemente nace del compartir desde niños”.
Cuenta que su amiga siempre ha sido “sabia e inteligente”. “Cuando mis papás me increpaban por qué había sacado C en un examen de matemáticas les decía ‘si Ida Pilar sacó B, qué tú puedes esperar’”, indica entre risas sobre la mujer experta en economía y catedrática en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
Díaz apunta que fueron educados por monjas estadounidenses que trajeron una visión de mundo distinta a la que permeaba en la rígida década del 50 isleña.
No olvida el día de la muerte de la estudiante Antonia Martínez, en marzo del 1970, durante una revuelta en el recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Ambos eran estudiantes.
“Ida era más revolucionaria y osada. Cerraron los portones y había una monja puertorriqueña -que nos dio clases en el colegio- que se quedó dentro. Ida y yo la ayudamos a brincar la verja para que saliera a la calle. Tenía hasta el hábito puesto”, rememora.
Retornó a Utuado una vez graduado a establecer su farmacia e Ida prosiguió estudios graduados en Estados Unidos.
“Fueron años complicados en los que no nos veíamos tanto pero nos llamábamos con regularidad. Ahora ella puede compartir más con nosotros”, dice Díaz.
Ese “nosotros” incluye a su esposa Carmen Rosa y a sus hijas, Carmen Graciela y Clarita.
“Ida y yo nunca nos enamoramos”, subraya Díaz, “ella nunca se casó y yo tengo mi esposa con la que llevo treinta años, más seis de novios. Ella siempre ha entendido mi relación con Ida, que es de hermandad y fraternidad. Nunca le vi un gesto de desagrado”.
Si debe describir a De Jesús, puntualiza que es “una mujer de vanguardia”. “Es sensible, brillante y da el consejo sabio en el momento preciso”, resume Díaz.
“¿Víctor?, ese es un sol de hombre”, así describe, de otra parte, la profesora De Jesús a su compinche utuadeño. “Es el hijo que cualquier madre quisiera tener y el hermano que cualquier hermana añoraría. La categoría más alta que le doy a un ser humano es la nobleza y Víctor es un hombre noble”.
Aclara que en una edad en que los niños y las niñas se repelen, su amigo era diferente. “No era el nene que siempre estaba molestando, era como un hombrecito viejo dentro de un niño pero a la vez tenía una chispa y un sentido del humor tremendo”, resalta.
Le atraía conocer esa “mentalidad diferente” de los varones puesto que solo tenía una hermana.
“¿Atracción?, para nada”, asegura De Jesús, “imagínate, él y yo somos como hermanos”.
La economista hace un saldo de la ecuación. “Lo mejor de contar con un amigo así es que tienes un referente con raíces desde la niñez, con familias de valores compartidos. Eso hace la diferencia con la amistad recién adquirida. Cuando haces referencia de algo sabes que hay eco, no tienes que explicar”, cuenta entre risas.
De Jesús nunca permitió que una pareja atentara contra su relación de amistad. “No negocio mis amistades con nadie, esa presencia tiene que estar ahí, nunca ha sido un issue”, dice y añade que “en ningún momento puede mediar nada que no sea la amistad”. “Si pasa se daña, la amistad se transforma en otra cosa”, insiste.
De filias y ágape
Santiago Rivera, sicólogo clínico, señala que este tipo de relación es más común “entre personas de más educación y con roles de género no muy rígidos”.
“Lo he visto más entre mujeres y hombres homosexuales pero igual he visto amistades de toda la vida entre hombre y mujer (heterosexuales)”.
Lo atribuye a la socialización que se ha hecho de los géneros en la que hay una expectativa en el sexo opuesto de una relación afectiva o atracción sexual. “Si eso está entre medio, no hay amistad”, define.
El doctor Rivera puntualiza que los hombres suelen tener amistades “para hacer deportes, estudiar para un examen y beber” y ellas son más dinámicas y pueden acudir a actividades que sean de su interés y ser flexible y asistir a las de ellos.
Resalta que la amistad es un sentimiento amoroso que se llama filia y procura el interés común de ambas personas. Cuando transcurre mucho tiempo, se transforma en ágape, otra forma de amor “que hace que la persona siempre esté ahí”.
“Para que haya una amistad de muchos años tiene que haber filia y ágape y no puede haber eros. Así un hombre y una mujer pueden tener una relación de amistad para toda la vida. Hay que aplicar el principio del tabú del incesto; los amigos son los hermanos que escogemos”, señala Rivera.
De otra parte la doctora Ingrid Marín es categórica al señalar que “sí pueden ser amigos un hombre y una mujer”. “Eso ha cambiado grandemente”, argumenta.
Los cambios provienen de los diversos roles que ejerce la mujer actual, que ya no solo se queda en casa. “Hay buenos amigos sin insinuación ni romance que comparten en escenarios laborales o de pasatiempos. Ya se está dando como parte de la norma”.
“Antes esto no se veía. Incluso, presentarle ‘mi mejor amigo’ a la pareja sentimental creaba sospecha, no era de buen gusto ante otros por el machismo”, destaca Marín
Recomienda que con la pareja hay que hablar el tema con sinceridad “sobre lo que significa esa otra persona en tu vida”.
Amigos desde kínder
“A Rafael lo conozco desde kínder”, narra Sandra Pérez sobre su mejor amigo, Rafael García, quien tantos años después no solo sigue siendo su amigo sino que le dio “el regalo de ser madrina de su hijo Rafael Antonio” .
Ambos nacieron en el 1973 y cursaron estudios en el Colegio San Agustín en Bayamón. “Vivíamos cerca en Lomas Verdes y también íbamos a la misma iglesia así que teníamos muchos sitios donde coincidir. Algunos años hasta nos tocaba en el mismo salón”, expone Pérez, madre de tres hijos: los gemelos Alexandra y José Francisco y Jean Manuel.
Atribuye la sólida relación amistosa que han mantenido “al cariño que nos tenemos”.
“Siempre hubo momentos en que él tenía sus amigos varones y compartía con ellos y yo con mis amigas pero si hacía falta algo yo sabía que podía contar con él”, especifica Pérez.
Nunca se enamoraron y asegura que lo ha visto “como el hermano que no tuve”.
“Cuando José (su esposo) y Rafael se conocieron se llevaron muy bien, la química entre ellos es muy buena y con Bessi (esposa de Rafael) ha sido más fácil porque ella llegó al colegio en noveno. Ellos se enamoraron en universidad. La química es excelente entre todos”, asegura, y cuenta que comparten viajes y actividades familiares.
“Ahora nuestros hijos estudian en el mismo colegio y son amigos. Cuando les digo que tío Rafo y yo estudiamos desde kínder dicen ‘¿qué, qué?’. Ojalá y se lleven tan bien como nosotros”, anhela Pérez.
García, padre de Isabel y Rafael Antonio, no se había cuestionado por qué era amigo de Pérez.
“¡Ay Virgen, uno no piensa en eso!”, dice entre risas, “soy amigo de Sandra porque es una excelente persona que siempre me ha tratado bien, con mucho cariño y respeto igual que yo a ella. Esa amistad ha estado ahí incondicional”.
García reconoce que han vivido etapas al unísono: los matrimonios, los bebés “y eso ha ayudado muchísimo”.
“Nunca nos enamoramos, eso hubiera terminado la amistad. Si las cosas están claras yo creo que un hombre y una mujer pueden ser amigos. Y tiene que ver mucho la amistad que tengo con el esposo de ella, que es bien buena, y Sandra con mi esposa. Esto es algo que no todo el mundo entiende”, acepta García.
Pérez recuerda algo que aún maravilla a su mamá. “Ella dice ‘yo jamás pensé que aquel nene que venía aquí en bicicleta y estaba contigo en la escuela iba a estar cerca toda la vida’, culmina entre risas.
La vida no deja de darnos sorpresas. Sí, amigos. Quién diría.
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