Ama sin perder tu identidad

Puedes adaptarte sin asfixiarte
    
Por la Redacción de El Comercio
En busca de prevenir que el barco se hunda trabajamos muy duro para dirigir la relación hasta que llegue a puerto seguro. En el proceso nos perdemos y la relación se convierte en algo que nos consume.
Allie Ochs, experta en relaciones, conferencista y autora del libro ‘¿Está preparado para amar?', cuenta la historia de Kyra, una joven mujer que estaba loca por Dan, su pareja, a tal punto que creó una relación maravillosa. Iba a los juegos de fútbol, a las películas de terror, a la fiestas con sus amigos y de vacaciones con su familia. En casa las cosas no eran diferentes. Kyra cocinaba sus platos favoritos, mantenía la casa como él quería y escuchaba la música que a Dan le gustaba. Por consejo de él, ella se cortó el cabello, se quitó el maquillaje y adquirió un guardarropa más conservador. Abandonó sus clases porque incomodaban la hora de la cena. Para Dan la relación era perfecta. Haciendo un esfuerzo para no decepcionarle, Kyra vivía en una ansiedad constante. Se había adaptado a su estilo de vida, defendía sus puntos de vista e incluso empezó a hablar como él. Los amigos de Kyra fueron testigos del cambio y la vieron pasar de ser una mujer feliz y llena de energía a conformarse con todo lo que hiciera feliz a Dan. La relación había ahogado su vida pero Kyra no se daba cuenta.
"Si bien el compromiso en una relación es un ingrediente necesario para su éxito, denegar la bases de nuestra identidad no lo es. Cuando finalmente nos damos cuenta de que una relación nos consume y nos hace invisibles, lo único que queda es el resentimiento. Será difícil volver a ser lo que somos si permanecemos en ella. El resultado de esta clase de relación genera crisis de ruptura del corazón de la que solo nosotros somos culpables", señala.
Añade que lo opuesto a una relación que nos consume es una relación de mitad del corazón. En esta clase de unión, se guarda el afecto hasta que haya evidencia de que la otra persona está anclada a ella. El te amo si tú me amas primero se ha convertido en una tendencia muy común. Por temor a dar más amor del que se recibe, ponemos a la pareja a prueba y controlamos el poder. Juzgamos según nuestras expectativas y anotamos puntos, mientras más altos sean estamos más dispuestos a compensarlo con nuestro amor. Esta visión crea una inseguridad emocional tremenda.
"Las relaciones que consumen o las que entregan la mitad del corazón no son naturales ni saludables. Irónicamente, ambas están guiadas por el miedo. Una relación en la que nos consume el temor a no ser amados es manejada por la fuerza. Una relación que entrega solo la mitad del corazón, el miedo a ser heridos nos impide derribar las paredes protectoras".
La autora se pregunta si existirá un espacio intermedio feliz en el que se ame con todo el corazón sin perderse a uno mismo y que tenga una perspectiva diferente. Sabemos que las relaciones requieren trabajo, pero solemos tener la esperanza de la ilusión dulce de que encontrar a la persona correcta es lo único que importa, porque subimos a la alfombra mágica para volar al paraíso del amor. Sin embargo, si analizamos bien las cosas nos daremos cuenta de que la alfombra mágica pudiera desaparecer y dejarnos colgados en la nada. Si soñamos con una pareja que nos aporte en todo debemos preguntarnos si nosotros también lo haremos. ¿Damos lo que buscamos en una relación? Irónicamente muchos carecen de las cualidades que buscan en sus parejas. Hay que escuchar al corazón y si sentimos que las cosas marchan bien, experimentaremos también el temor y nos entregaremos de todas maneras al amor. "Amen sin dudar y con todo el corazón. No dejen que el temor al rechazo o a ser heridos mate sus deseos o robe sus sueños. Quizás han visto antes la cara del amor y se atemorizaron y se hicieron hacia atrás. La próxima vez no lo hagan", sugiere.
Ella habla de una verdad universal: el amor es escoger y si lo hacemos con todo el corazón, no lo perderemos jamás pues nos enseña a ser mejores, a restaurar la fe en él y a estar emocionalmente disponibles el uno para el otro. Es la lección humana más poderosa que aprendemos, una interdependencia que nos lleva a ser mucho más de lo que somos individualmente.

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