Tras pensarlo mucho, esta mujer de 50 años optó por usar las cenizas que quedaron del cuerpo de Lloyd tras ser incinerado para crear una tinta con la que se tatuó el vientre, a la altura de las costillas. Ahora lleva tatuados un árbol, un ángel liberando una mariposa y un poema.
Su Hijo murió por una sobredosis de drogas sintéticas. “Él está ahora donde empezó, en mi cuerpo”, explicó la polémica mujer.
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